Lo que dice la ciencia para adelgazar de forma fácil y saludable

18 may. 2020

Logotipos, señales y etiquetas nutricionales, ¿realmente ayudan a comer mejor? ¿Cuáles son las mejores?


Llevamos décadas intentando encontrar la mejor forma de informar de las características nutricionales de un producto alimenticio, para ayudar a la gente a tomar mejores decisiones dietéticas. Una de las estrategias se basa en utilizar los propios envases de los alimentos y hemos sido testigos de diversas propuestas en este sentido; desde incorporar las ya imprescindibles listas de ingredientes y las tablas con información de nutrientes, hasta logotipos más o menos sofisticados, con semáforos de colores, puntuaciones o estrellas. Estos últimos se suelen denominar "Front Of Pack Labelling" (FOPL), en español "Etiquetado Frontal de Alimentos", y son los protagonistas de este post.

En una primera impresión, todos los FOPL parecen razonables y útiles, ya que teóricamente permiten hacer una valoración del producto y de sus cualidades nutricionales de forma sencilla, incluso de un solo vistazo. Pero les adelanto que esta percepción es engañosa, sobre todo por una razón: la evidencia sobre su efectividad es muy escasa. Los diferentes tipos de FOPL se han ido desarrollando y contrastado mediante enfoques bastante teóricos y basándose en estudios observacionales y contextos de laboratorio, poco parecidos a la vida real.

Sin embargo, lo que realmente necesitamos saber es si este tipo de herramientas son capaces de mejorar la salud de las personas o, al menos, de hacer cambiar los hábitos de compra o de consumo. Sobre todo porque con frecuencia se dirigen a toda la población y se incluyen en las políticas sanitarias gubernamentales (como por ejemplo se pretendía hacer en España), una situación en la que la evidencia es más necesaria que nunca.

Para empezar a ir aclarando el panorama sobre este tema, hace tan solo un par de semanas se publicó en la revista oficial de la British Dietetic Association la revisión sistemática "Front of pack nutritional labelling schemes: a systematic review and meta-analysis of recent evidence relating to objectively measured consumption and purchasing" (2020). La investigación analizó la efectividad de diferentes tipos de etiquetas y logotipos nutricionales, centrándose en su posible efecto en la compra y el consumo, por lo que sus resultados nos van a servir para ponernos al día.



Tipos de etiquetado FOPL

Para empezar, conviene dejar claro de lo que estamos hablando, aunque les adelanto habrán visto en numerosas ocasiones este tipo de información. En la revisión los autores han agrupado estas etiquetas en función de su tipología y su "enfoque informativo", en cinco grandes grupos.

El primero de ellos serían los logotipos del tipo "Alto en": Son representaciones visuales en forma de  alarma, que se centran en destacar el valor elevado de ciertos nutrientes o características, cuyo exceso se suele considerar habitual y negativo. Suelen referirse al azúcar, la sal o ciertos tipos de grasa, así como la energía aportada.

Un buen ejemplo de este tipo de información son los sellos que se han implementado en Chile para todos los alimentos procesados y que han adquirido una notable popularidad:


Dentro de este grupo también estarían los sellos utilizados en Canadá, con los que se avisa de la elevada proporción de ciertos nutrientes en el producto:



El segundo tipo de etiquetado es el sistema "Health Star Rating" (HSR). Se trata de un sistema desarrollado por el gobierno australiano en el año 2014, en el que se evalúa un alimento de acuerdo a un algoritmo en función de su contenido en proteínas, grasas, grasas saturadas, energía, carbohidratos, azúcares y sodio. El resultado es un valor numérico que se representa visualmente en una escala de 1 a 5 estrellas. Cuantas más estrellas, más saludable se supone que es el alimento.



El tercer grupo de etiquetas informativas serían los "semáforos múltiples". Aunque hay diversos sistemas en el mundo, todos tienen un enfoque similar. También la evaluación se realiza en función de la cantidad de ciertos nutrientes (normalmente grasa, grasa saturada, azúcar y sal) y características como la energía (kilocalorías). Teniendo en cuenta la ración habitual y las cantidades de nutrientes recomendadas, al producto se le asignan una serie de colores para cada nutriente o característica: rojo, amarillo o verde. Pueden ver  la explicación detallada de un caso concreto, el semáforo nutricional de la cadena de supermercados Eroski, en este enlace.




La cuarta propuesta sería Nutriscore, el sistema más reciente, en el que también se utilizan colores. Su utilización se ha extendido sobre todo en Francia, donde se desarrolló (aunque no es obligatorio). En España hubo intención de promoverlo por parte del gobierno, como conté aquí, y la cadena de supermercados Eroski lo ha implementado para sus productos de marca blanca. El sistema Nutriscore realiza una valoración para el producto completo, situándolo en uno de sus cinco niveles, cada uno de ellos con un color, (del verde hasta el rojo) y una letra. La mejor es la A (verde oscuro) y la peor la E (rojo). Esta valoración se realiza en base a un complejo algoritmo que tiene en cuenta la naturaleza del alimento, la energía aportada, la cantidad de ciertos nutrientes (grasa saturada, sal, azúcares, proteínas y fibra) y su proporción de fruta y verdura. Lo expliqué y analicé con detalle en este post anterior.



La última tipología de etiquetado FOPL es la que se basa en logotipos para informar de la cantidad y/o proporción de nutrientes concretos que aporta un producto. En la revisión de la que estamos hablando se han incluido dos muy parecidos, el sistema "Facts Up Front" y el "Daily Intake Guide".  El primero, Facts up front (datos a la vista), muestra la cantidad de calorías, grasa saturada, sodio y azúcar que contiene cada ración y su proporción respecto a las cantidades diarias. Además, puede ofrecer información sobre otros nutrientes como la fibra y el calcio.  Es una iniciativa impulsada por la Asociación de Fabricantes de Productos Alimenticios de EE.UU.




La segunda propuesta de este grupo es Daily Intake Guide, utilizado en Australia y Nueva Zelanda. También facilita información sobre la cantidad de ciertos nutrientes y energía que aporta una ración del producto, así como su proporción respecto a las cantidades diarias recomendadas.



Efectividad para mejorar la compra de alimentos, resultados globales.

Bien, una vez recordados los principales tipos de FOPLs, podemos recurrir a la revisión sistemática para conocer los resultados obtenidos en los ensayos respecto a su utilidad en la vida real, en concreto en la compra de productos. Primero vamos a hacerlo desde una perspectiva global, sin diferenciar entre las diferentes tipologías.

Si empezamos por el final, es decir, por las conclusiones finales de los autores, nos encontramos con este texto:

"La presente revisión proporciona evidencia de estudios experimentales y de la vida real de que este tipo de etiquetado promueve comportamientos de compra de alimentos más saludables. Las etiquetas que incluyen un mensaje interpretativo (que va más allá de la simple provisión de información nutricional) parecen tener un mayor potencial. En particular, encontramos evidencia (...) para apoyar las etiquetas tipo "alto en", "semáforos mútiples" y "Daily Intake Guide". (...)

(...) estos etiquetados en los envases tiene el potencial de alentar compras más saludables y mejorar la calidad de la dieta de las familias. Nuestros análisis sugieren que el impacto sobre el azúcar, las calorías, las grasas saturadas y el sodio en las compras domésticas puede ser sustancial."

No parecen malos resultados ¿verdad?. Más bien al contrario, suenan estupendamente: "promueve comportamientos de compra de alimentos más saludables", "potencial de alentar compras más saludables", "Mejorar la dieta de las familias", ""impacto sustancial en las compras"... Desafortunadamente, creo que los autores han sido demasiado optimistas y entusiastas en esta redacción.

Para que sepan a lo que me refiero, les animo a que lean detenidamente los valores de la siguiente tabla resumen con los resultados principales, ya que nos da algunas pistas:



Si se fijan en las cifras de la columna "Effect size", comprobarán que son bastante modestas. Por cada 100 gramos de alimento, los cambios logrados en los nutrientes están todos por debajo del medio gramo y la reducción de energía asociada al uso del etiquetado es de 2 kcal . De hecho, más que modestas, yo diría que son minúsculas.

Pero para evaluar mejor su magnitud, vamos a repasar los resultados de forma más detallada y a aplicarlos a ejemplos concretos.

Empecemos con la energía, que obtuvo los siguientes resultados en el metaanálisis (kcal/100g):


El valor "Overall" nos indica que al aplicar el etiquetado se consiguió una reducción media de unas 2 kcal por cada 100 gramos de producto. Pues bien, para que se hagan una idea de la magnitud de esta cifra, para una lata de 330 ml de Coca Cola (que aporta 140 kcal en total), el etiquetado lograría reducir las calorías equivalentes a una cucharada de refresco. Sí, han leído bien, una mísera cucharada por cada lata.

Respecto al efecto sobre el azúcar,  el metaanálisis muestra los siguientes resultados  (gramos de azúcar por cada 100 g de alimento):


En este caso la presencia de llos FOPL provocó una reducción media de 0,4 gramos de azúcar por cada 100 gramos de producto. De nuevo una cantidad mínima, considerando que cada 100 ml de Coca-Cola aportan más 10 gramos de azúcar. Equivaldría a una cantidad muy similar a la obtenida con el cálculo de las calorías, un reducción del azúcar contenido en una cucharada de refresco por cada lata.

Respecto a la grasa saturada, estos son los resultados del metaanálisis (gramos por cada 100 gramos de alimento):



En este caso los FOPL logran una reducción media de 0,15 gramos de grasa saturada por cada 100 gramos de alimento. Si, por ejemplo, aplicamos este valor al popular  chorizo de Pamplona (100 gramos son unas 15 lonchas y aportan unos 15 gramos de grasa saturada), la reducción equivaldría a quitar la séptima parte de una loncha por cada paquete de 100 gramos. De nuevo un valor minúsculo.

Respecto al sodio (sal), estos fueron los resultados (miligramos por cada 100 gramos de alimento) :


Las etiquetas consiguieron reducir unos 25 mg por cada 100 gramos de producto. Considerando que una bolsa pequeña-mediana de snacks salados de 100 gramos suele contener de 5000 a 7000 mg de sodio, la presencia de la etiqueta supondría reducir el producto en menos de una centésima parte.

En resumen, estadísticamente hablando la efectividad de las etiquetas para mejorar la compra de alimentos tal vez existe, pero desde el punto de vista real sus resultados son enormemente modestos. Tan modestos que yo me atrevería a decir que pueden considerarse despreciables.

Efectividad para mejorar la compra de alimentos, por tipos.

La revisión también analiza los resultados de forma segmentada, para cada tipología de etiquetado. Como ya hemos analizado la magnitud de los valores en el apartado anterior, en este caso el interés estaría en poder comparar los resultados de los diferentes tipos de FOPL.

En lugar de recurrir a los gráficos del documento original, para hacerlo más visual y para que puedan apreciar mejor las diferencias entre ellos de un vistazo, he decidido representar las reducciones conseguidas con la utilización de FOPL en unos gráficos de barras. Cuanto mayor sea la reducción (calculada respecto a los productos sin etiqueta), mayor será la efectividad del FOPL (pinchar para agrandar):


Como pueden apreciar, los sellos "alto en" consiguen mejores resultados en casi todos los parámetros, mientras que HSR y los "semáforos múltiples" obtienen resultados intermedios.

En el otro extremo, el que peor parado sale es el de más reciente creación, Nutriscore. Además de disponer de solo un par de estudios sobre este sistema, es el que consigue los resultados de menor magnitud. En el caso de la grasa saturada, incluso tiene el efecto contrario al buscado.

¿Y qué hay del consumo?

Todos estos resultados que hemos visto hasta ahora se refieren al efecto del etiquetado en la compra de productos, pero la revisión también incluye en su planteamiento inicial el análisis de la efectividad en el consumo de productos. Un indicador que resultaría especialmente interesante, ya que está íntimamente relacionado con los cambios dietéticos reales.

Sin embargo, los resultados en este caso fueron incluso menos alentadores que los de la compra. Los autores solo encontraron dos ensayos que cumplieran los requisitos de selección. Y sus resultados, además de escasos, fueron diversos y muy poco clarificadores; algunos negativos, otros positivos.  Así que no pudieron llegar a ninguna conclusión concreta.

En definitiva

Como resumen, los sellos de alerta "Alto en" parecen ser los FOPL con más probabilidad de éxito. Sin embargo, contrariamente a lo que afirman los autores en las conclusiones, creo que los resultados obtenidos son tan pequeños que no permiten deducir una utilidad real en el objetivo final buscado: conseguir que la población se alimente de forma más saludable.

Personalmente, creo que este tipo de herramientas no sirve para mucho y los resultados de la revisión respaldan  bastante esta idea. Las razones de los efectos tan modestos son complejas, pero podrían resumirse en dos: Por un lado este tipo de etiquetas y logotipos se basan en un "enfoque nutricionista" (parcial e ineficaz) de los productos procesados. Y por otro, los FOPL no pueden competir con la gran eficacia de las estrategias y herramientas habituales de marketing que utilizan las empresas alimentarias. Si quieren saber a lo que me refiero con lo del "enfoque nutricionista", pueden leer este post anterior sobre el tema o este otro post sobre el Nutriscore, en el que además analicé todas sus debilidades (y que parecen haberse confirmado en esta revisión).

De hecho, creo que muchos fabricantes de comida ultraprocesada utilizan este tipo de información para realizar un lavado de cara de sus productos y para justificar su consumo con moderación. Y para conseguir que muchos de ellos, claramente poco saludables, obtengan valoraciones aceptables pero muy discutibles, como he mostrado con ejemplos en post anteriores (1, 2). Por ello las asociaciones de empresas no tienen ningún problema en promover sistemas FOPL centrados en nutrientes y raciones diarias recomendadas, como Facts Up Front o Daily Intake Guide, pero son más reacios a sistemas como los sellos de alerta, ya que son más exigentes y solo aportan una perspectiva negativa.

4 comentarios:

  1. No es sólo que los resultados del metaanálisis sean muy pobres -prácticamente irrelevantes- sino que además para energía y grasas saturadas como se puede ver en los gráficos y en las tablas no son estadísticamente significativos, así que no demuestran que haya una mejor elección con los FOPL.

    Parece una situación parecida a la del etiquetado ambiental de los automóviles, con una interpretación fácil de manipular por los fabricantes.

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  2. En este metanalisis faltan varias publicaciones sobre #Nutriscore que muestran su efecto sobre la calidad nutricional de la compra en condiciones reales (tienda experimental, verdaderos supermercados …) que demuestran la eficacia de Nutri-Score.

    Artículos sobre el impacto de #Nutriscore (y otros EFE) sobre la calidad nutricional de la compra (no citados en el meta-análisis o fuera de las fechas retenidas)

    1/3. Desde 2017 (periodo del meta-análisis):

    Crosetto P et al : Nutritional and economic impact of five alternative front-of-pack nutritional labels : experimental evidence.
    Europ Rev of Agricult Econom, 21, 1-34, August 2019

    Dubois P et al : Effects of front-of-pack labels on the nutritional quality of supermarket food purchases : evidence from a large-scale randomized controlled trial
    J of the Acad of Market Sc, 2020

    2/3 Antes del 2017 (fuera de las fechas del meta-análisis):

    Julia, C et al : Impact of the Front-of-Pack 5-Colour Nutrition Label (5-CNL) on the Nutritional Quality of Purchases : An Experimental Study
    Int J Behav Nutr Phys Act 13, 2016 : 101.

    Crosetto P et al: Réponses des consommateurs à trois systèmes d'étiquetage nutritionnel face avant
    Cah Nutr Diet Vol 51 - N° 3 P. 124-131 - juin 2016 16/06/16

    3/3 Y los estudios en supermercados experimentales on line (intención de compra):

    Ducrot P et al: Impact of different front-of-pack nutrition labels on consumer purchasing intentions : a randomized controlled trial
    Am J Prev Med, 50, 5: 627-36, 2016

    Egnell M et al: Front-of-Pack Labeling and the Nutritional Quality of Students' Food Purchases : A 3-Arm Randomized Controlled Trial
    Am J Publ Health, 109(8):1122-11292019

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    Respuestas
    1. Gracias por la aportación, Pilar. Por lo que veo en un vistazo rápido, en los dos primeros estudios, los que cumplirían los requisitos de fechas, no se aporta información detallada sobre la variación en los nutrientes concretos, sino un índice global. Puede ser la razón por la que no los hayan incluido.

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  3. Pero vamos a ver, que la población no es tonta. Nutriscore no funciona y basta con ver cómo califa los alimentos y los múltiples ejemplos que se han puesto en este blog. Los artículos están muy bien, pero la realidad es otra. Si quiere se enrosca en que faltan estudios por añadir o que sus estudios dicen lo contrario. Se podía haber hecho mejor y en lugar de rectificar buscan siempre confundir. Saludos!

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