Lo que dice la ciencia para adelgazar de forma fácil y saludable

1 oct. 2019

Carne y salud, última revisión

Las redes están que arden con el último estudio sobre la carne, ese alimento que algunos tanto odian y otros tanto aman. Los medios generalistas también se han hecho eco, tanto los españoles (1, 2, 3) como los internacionales (12), y ya están publicando titulares y resúmenes más o menos afortunados intentado resumir sus conclusiones.

El documento unifica varias revisiones sistemáticas sobre la relación entre el consumo de carne (roja y procesada) y la salud y ha sido realizado por un panel de expertos al parecer independientes. Se titula "Unprocessed Red Meat and Processed Meat Consumption: Dietary Guideline Recommendations From the Nutritional Recommendations (NutriRECS) Consortium" (2019) y es de libre acceso, por lo que pueden leerlo completo pinchando en el enlace.

Antes de dar mi opinión de forma muy breve, o cual haré al final del post, me gustaría que lo leyeran, porque conviene conocer de primera mano lo que dicen los estudios.

Si no se defienden muy bien con el inglés, a continuación les incluyo una traducción libre de los textos en los que explican los resultados:

"Resumen de la evidencia de daños y beneficios del consumo de carne roja sin procesar

En nuestra revisión de ensayos aleatorios sobre daños y beneficios (12 ensayos con 54,000 participantes), encontramos evidencia de baja a muy baja certeza de que una dieta con menos carne roja puede tener poco o ningún efecto sobre el riesgo para resultados cardiometabólicos importantes y la incidencia y mortalidad de cáncer. Los resultados de respuesta a la dosis de 23 estudios de cohortes con 1,4 millones de participantes proporcionaron evidencia de baja a muy baja certeza de que una reducción del consumo de carne roja podría dar lugar a una muy pequeña reducción de eventos cardiovasculares (enfermedad cardiovascular, accidente cerebrovascular e infarto de miocardio) y diabetes tipo 2 (de 1 a 6 eventos menos por cada 1000 personas, para una reducción de 3 porciones por semana), sin diferencias estadísticamente significativas en otros 2 resultados (mortalidad global y mortalidad cardiovascular).

Los resultados de respuesta a la dosis de 17 cohortes con 2,2 millones de participantes proporcionaron evidencia de baja certeza de que la disminución del consumo de carne roja puede dar lugar a una reducción muy pequeña a lo largo de la vida en la mortalidad por cáncer (7 eventos menos por cada 1000 personas, para una reducción de 3 porciones por semana), sin diferencias estadísticamente significativas para 8 resultados adicionales de cáncer (mortalidad por cáncer de próstata y la incidencia general de cáncer de mama, colorrectal, esofágico, gástrico, pancreático y de próstata).

Al igual que en los estudios específicos sobre carne roja, los estudios de cohortes sobre patrones dietéticos (70 estudios con algo más de 6 millones de participantes) proporcionaron evidencia incierta sobre el riesgo de resultados adversos del ámbito cardiometabólico y cáncer. Hay evidencia de baja o muy baja certeza que indica que la adhesión a un patrón con bajo consumo de carne roja o procesada está asociada con una muy pequeña reducción del riesgo absoluto en 9 resultados cardiometabólicos y cáncer (de 1 a 18 eventos menos por cada 1000 personas), sin diferencias estadísticamente significativas para otros 21 resultados observados (...).


Resumen de la evidencia de daños y beneficios del consumo de carne procesada

Ningún ensayo aleatorizado difirió en un gradiente de 1 porción por semana para nuestros resultados objetivo. Con respecto a las cohortes relativas a resultados adversos cardiometabólicos (10 estudios con 778.000 participantes incluyendo respuesta a la dosis y meta-análisis), se encontró evidencia de baja a muy baja certeza de que la reducción de la ingesta de carne procesada se asocia con una reducción muy pequeña de resultados cardiometabólicos importantes, incluyendo mortalidad global, mortalidad cardiovascular, accidente cerebrovascular, infarto de miocardio y diabetes tipo 2 (de 1 a 12 eventos menos por cada 1000 personas para una reducción de 3 porciones por semana), sin diferencias estadísticamente significativas en otro resultado (enfermedad cardiovascular).

Respecto a los estudios de cohortes sobre cáncer (31 estudios con 3,5 millones de participantes y con datos de respuesta a la dosis), encontramos  evidencia de  baja o muy baja certeza de que una reducción de la ingesta de carne procesada se asocia con una reducción  muy pequeña del riesgo absoluto a lo largo de la vida en la mortalidad general por cáncer; mortalidad por cáncer de próstata; y la incidencia de cáncer de esófago, colorrectal y de mama (de 1 a 8 eventos menos por cada 1000 personas, para una disminución de 3 porciones por semana), sin diferencias estadísticamente significativas en la incidencia o mortalidad de otros 12 resultados de cáncer (colorrectal, mortalidad por cáncer gástrico y pancreático, en general, incidencia de cáncer endometrial, gástrico, hepático, del intestino delgado, oral, ovárico, pancreático y de próstata).

Para los estudios de cohortes que evalúan patrones alimentarios (70 estudioscon más de 6 millones de participantes), hemos encontrado evidencia de baja a muy baja certeza de que la adhesión a un patrón con menos carne roja o procesada se asocia con una muy pequeña reducción del riesgo absoluto en 9 resultados importantes  cardiometabólicos y de cáncer (de 1 a 18 eventos menos por cada 1000 personas), sin diferencias estadísticamente significativas para otros 21 resultados. Nuevamente, evaluamos el riesgo de resultados cardiometabólicos adversos en base a un seguimiento promedio de 10,8 años y los resultados adversos del cáncer a lo largo de la vida.

En nuestra evaluación encontramos que la estimaciones de los efectos absolutos de la ingesta de carne roja y procesada fueron menores que los efectos debidos a patrones dietéticos, lo que indica que es poco probable que el consumo de carne sea un factor causal de resultados adversos para la salud. Anticipábamos que si la carne roja o carne procesada eran factores causales del aumento del riesgo de resultados adversos, la asociación observada entre la carne y los resultados adversos sería mayor en los estudios que analizan comparando la ingesta mayor respecto a la menor, frente a los estudios en los que la carne es solo un componente más de un patrón dietético. Utilizando nuestros hallazgos, en nuestra evaluación de la certeza de la evidencia no calificamos la respuesta a la dosis, dada la posibilidad de efectos residuales de las variables de confusión.

En la siguiente tabla se sintetizan los resultados de los posibles efectos del consumo de carne en diferentes aspectos de salud, incluyendo niveles de certeza y riesgos absolutos:




Resumen de evidencia de valores y preferencias relacionadas con la salud y la carne

La revisión sistemática sobre valores y preferencias relacionadas con la salud identificó 54 artículos de Australia, Canadá, Europa y los Estados Unidos, incluyendo 41 estudios cuantitativos y 13 cualitativos. Las personas con dieta omnívora informaron que disfrutaban comiendo carne, consideraban que la carne era un componente esencial de una dieta saludable y a creían que tenían pocas competencias culinarias para poder preparar comida satisfactoria sin la presencia de carne. Los participantes tienden a no estar dispuestos a modificar su consumo de carne. La certeza de la evidencia fue baja para  las "razones para consumir de carne" y baja para "voluntad de reducir el consumo de carne" ante la posibilidad de efectos no deseados para la salud, debido a riesgos de sesgos  (por ejemplo, encuestas no validadas), imprecisión (pequeño número de participantes en estudios cualitativos) y falta de especificidad (no preguntar específicamente sobre los beneficios para la salud que motivarían una reducción en el consumo de carne roja o procesada)

Justificación de las recomendaciones para la carne roja y la carne procesada

La justificación de nuestra recomendación de mantener en lugar de reducir el consumo de carne roja  o carne procesada se basa en los siguientes factores. Primero, la evidencia de los posibles resultados adversos para la salud asociados con el consumo de carne fue de baja a muy baja certeza, respaldada por estimaciones de efectos similares para carne roja y carne procesada a partir de estudios sobre patrones dietéticos y de estudios que abordan directamente el consumo de carne. En segundo lugar, hubo una reducción de riesgo absoluto muy pequeña y a menudo trivial basada en una disminución realista de 3 porciones de carne roja o procesada por semana. En tercer lugar, si el efecto es muy pequeño, dado el apego de las personas a la dieta con carne es probable que la reducción del riesgo asociada no proporcione la motivación suficiente para reducir el consumo en individuos informados, y la recomendación débil se debe a la gran variabilidad en los valores y preferencias relacionadas con la carne. Finalmente, el panel se centró exclusivamente en los resultados de salud asociados con la carne y no consideró el bienestar animal y los problemas ambientales. En conjunto, estas observaciones justifican una recomendación débil de mantener los niveles actuales de consumo de carne roja y carne procesada.

Otras consideraciones

Aunque para algunas personas en algunas circunstancias, los problemas de coste, aceptabilidad, viabilidad y equidad pueden ser relevantes, el panel no consideró estas cuestiones. Consideraciones sobre el bienestar animal y particularmente sobre el impacto ambiental, sin duda son importantes para algunas personas y podrían ser de particular importancia desde una perspectiva social. De cualquier forma, se decidió que los problemas de bienestar animal y el posible impacto ambiental estaban fuera del alcance de esta revisión.


Discusión

Hemos desarrollado recomendaciones para la carne roja y la carne procesada siguiendo el proceso de desarrollo de la guía NutriRECS, que se adhiere a los estándares del grupo de trabajo del IoM y GRADE. Sobre la base de 4 revisiones sistemáticas que evalúan los daños y beneficios asociados con el consumo de carne roja y carne procesada, y la revisión sistemática que evalúa los valores y las preferencias relacionadas con la salud de las personas respecto al consumo de carne, sugerimos que se mantenga el consumo actual de carne roja y carne procesada (ambas recomendaciones débiles, con evidencia de baja certeza).

Nuestra recomendación débil de que las personas mantengan su consumo actual de carne resalta tanto la incertidumbre asociada con los posibles efectos dañinos como la muy pequeña magnitud del efecto incluso si las mejores estimaciones reflejan la causalidad real, lo cual consideramos improbable. A pesar de los hallazgos de nuestra evaluación de estudios de ingesta directa frente a estudios de patrones dietéticos, que sugieren que la carne roja no procesada y la carne procesada probablemente no sean factores causales de resultados adversos para la salud, no se excluye la posibilidad de que la carne tenga un pequeño efecto causal. Tomado junto con otros posibles factores causales (por ejemplo, conservantes como sodio, nitratos y nitritos) en los patrones dietéticos con efectos muy pequeños, se podrían explicar las reducciones mayores en los patrones dietéticos ricos en carnes rojas y procesadas. 

La evaluación del panel se basó en la evidencia disponible con respecto a valores y preferencias que sugieren que la mayoría de las personas, cuando se enfrentan a una reducción de riesgo absoluto muy pequeña e incierta en los resultados cardiometabólicos y de cáncer, elegirían continuar con su consumo actual de carne. Las personas que consideren una disminución en su consumo de carne deben tener en cuenta esta evidencia.

Nuestro análisis tiene varias fortalezas. Llevamos a cabo 5 revisiones sistemáticas rigurosas independientes que abordan tanto la evidencia de los ensayos aleatorios como los estudios observacionales sobre el impacto de la carne roja y la carne procesada en los resultados cardiovasculares y del cáncer y los valores y preferencias con respecto al consumo de carne roja y  procesada. Al utilizar el enfoque GRADE, nuestras revisiones abordaron explícitamente la incertidumbre de la evidencia subyacente. Presentamos resultados que se centran en estimaciones absolutas de los efectos asociados con disminuciones realistas en el consumo de carne de 3 porciones por semana y estas estimaciones se utilizaron para nuestras recomendaciones. Nuestro panel incluyó expertos en nutrición, en métodos, profesionales de la salud y miembros de la población, y minimizamos los conflictos de intereses al preseleccionar a los miembros del panel para detectar conflictos de intereses financieros, intelectuales y personales y proporcionar una relación completa de potenciales intereses.

Nuestro documento también tienen limitaciones. Consideramos que los problemas de bienestar animal y el posible impacto ambiental están fuera del alcance de nuestras recomendaciones. Por lo tanto, estas pautas pueden ser de relevancia limitada para las personas para quienes estos temas son de gran importancia. En relación con esto, nos centramos en una perspectiva individual más que social. Quienes toman decisiones que tienen en cuenta cuestiones ambientales más amplias pueden considerar la evidencia sobre la posible contribución del consumo de carne al calentamiento global y sugerir políticas que limiten el consumo de carne sobre esa base.

Con respecto a la incertidumbre de la evidencia, los ensayos aleatorios estaban limitados por las pequeñas diferencias en el consumo de carne entre el grupo de intervención y el de control, mientras que los estudios observacionales estaban limitados en la precisión de la medición de la dieta y la posible confusión residual relacionada tanto con aspectos de la dieta que no sean la carne roja y el consumo de carne procesada y los factores de confusión no dietéticos, haciendo que las tomas de decisiones sobre el consumo de carne que dependan mucho de los valores y las preferencias particulares. Con respecto a nuestra revisión sobre los patrones dietéticos, los estudios generalmente no aportaron datos separados para la carne roja y la procesada. Además, aunque todos los patrones dietéticos discriminaron entre los participantes con una ingesta baja y alta de carne roja y procesada, otras características alimentarias y nutricionales de los patrones dietéticos variaron ampliamente entre los estudios. La evidencia también fue limitada porque encontramos que la información era insuficiente para realizar el análisis planificado de subgrupos con respecto al método de preparación de la carne (por ejemplo, asada frente a hervida) en vista de posibles compuestos cancerígenos como hidrocarburos aromáticos policíclicos y aminas heterocíclicas. Finalmente, nuestro panel no fue unánime en su recomendación: tres de los 14 miembros del panel favorecieron una recomendación débil a favor de disminuir el consumo de carne roja.

Como se señaló en nuestra introducción, otras pautas dietéticas sugieren limitar el consumo de carne roja y procesada debido a la asociación con el cáncer. Hay 3 explicaciones principales para la discrepancia entre estas pautas y las nuestras. Primero, otras pautas no han utilizado el enfoque GRADE para calificar la certeza de la evidencia, que resalta la baja o muy baja certeza para respaldar la naturaleza causal potencial de la asociación entre el consumo de carne y los resultados de salud. Como resultado, estamos menos convencidos del consumo de carne como causa de cáncer. Debido a la probabilidad de confusión residual (es decir, confusión que existe después del ajuste por otras variables), el enfoque GRADE que utilizamos para evaluar la causalidad considera que, en ausencia de un gran efecto o un gradiente de respuesta a la dosis convincente, los estudios observacionales proporcionan solo evidencia de causalidad de baja o muy baja certeza. En segundo lugar, incluso si se supone la causalidad, otras pautas no han calculado (o si lo han hecho, no lo han resaltado), la muy pequeña magnitud de los efectos adversos absolutos durante los largos períodos asociados con el consumo de carne. Tercero, otras pautas han prestado poca o ninguna atención a las razones por las cuales las personas comen carne y la medida en que decidirían reducir el consumo de carne, dados los beneficios de salud pequeños e inciertos. De hecho, ninguna directriz dietética previa ha atendido con cuidado a la evidencia relacionada con valores y preferencias ni ha llevado a cabo una revisión sistemática que aborde el tema.

Las recomendaciones dietéticas  son un reto porque cada fuente potencial de evidencia tiene limitaciones importantes. Los ensayos aleatorios están limitados por el tamaño de la muestra, la duración del seguimiento y las dificultades que los participantes tienen para cumplir con las dietas prescritas. Estas limitaciones hacen que mostrar el efecto de una intervención sea muy difícil. Los estudios observacionales están limitados por la inevitable confusión residual. Estas limitaciones en los ensayos aleatorios y los estudios observacionales son evidentes en los estudios que abordan el consumo de carne y los resultados de salud. Los estudios que se centran en resultados intermedios (como los niveles de colesterol y triglicéridos) tienen limitaciones adicionales, ya que los cambios en los biomarcadores a menudo no brindan los beneficios previstos en los resultados de salud relevantes para el paciente. Por lo tanto, nuestras revisiones se centraron solo en los resultados importantes para los pacientes. Por ello, las recomendaciones dietéticas  deben reconocer la evidencia de baja certeza y evitar recomendaciones categóricas del tipo “hazlo”, ya que pueden ser engañosas, como lo demuestran las recomendaciones bajas en grasas en todo el mundo.

Para interpretar nuestra recomendación débil, el panel cree que para la mayoría de las personas, los efectos deseables (un posible riesgo reducido de cáncer y resultados cardiometabólicos) asociados con la reducción del consumo de carne probablemente no superen los efectos indeseables (impacto en la calidad de vida, la carga de modificar la preparación de comidas y hábitos alimenticios). La recomendación débil refleja la conciencia del panel de que los valores y las preferencias difieren ampliamente y que, como resultado, una minoría de personas informadas optará por reducir el consumo de carne.

Nuestros estudios tienen implicaciones para futuras investigaciones. Generar evidencia de mayor certeza sobre el impacto de la carne roja y la carne procesada en los resultados de salud sería, si fuera posible, deseable e importante. Sin embargo, puede que no sea posible. Los ensayos aleatorios siempre se enfrentarán a conseguir que los participantes cumplan con dietas que difieran lo suficiente en el consumo de carne, se adhieran a estas dietas por períodos muy largos y estén disponibles para el seguimiento durante estos largos períodos. Estos desafíos son aún más formidables porque los resultados de los estudios observacionales pueden representar el límite superior de los efectos causales del consumo de carne en los resultados adversos para la salud, y los efectos estimados son muy pequeños. Los estudios observacionales continuarán estando limitados por los problemas de la medición precisa de la dieta, de los factores de confusión conocidos y la probabilidad de confusión residual después de haber realizado ajustes.

Esta evaluación puede ser excesivamente pesimista; de hecho, esperamos que ese sea el caso. Lo que es seguro es que generar evidencia de mayor calidad con respecto a la magnitud de cualquier efecto causal del consumo de carne en los resultados de salud pondrá a prueba el ingenio y la imaginación de los investigadores de ciencias de la salud."

Un documento que, sin duda, dará mucho que hablar.

Para ir abriendo boca, desde la Escuela de Salud Publica de Harvard ya han trasladado su desacuerdo y sus críticas a todas estas conclusiones.

Y ya que algunos me han preguntado mi opinión, aquí la tienen:

Me parece estupendo que se estudien de forma específica los posibles efectos reales de una recomendación concreta, como la reducción de un alimento. Es una forma de intentar asegurarse que no se dan recomendaciones prácticas que “no funcionan” en la práctica, como ya ha ocurrido en el pasado.

En ese sentido, la revisión me parece interesante. No tengo ni el conocimiento estadístico ni todos los datos para comprobarlo, pero si la información que aportan los autores es correcta, sobre todo la relacionada con el riesgo absoluto (resumido en la tabla que aparece en el artículo), me parece un estudio a tener en cuenta y a dar a conocer. Siempre he sido de la opinión que hay que contarlo todo, aunque no guste. Y si hay que explicarlo mil veces, pues se explica.

Lo más controvertido de la revisión es la recomendación final de no reducir el consumo de carne. Lo cierto es que con los datos y argumentos que aportan también podría haber sido la contraria y recomendar su reducción, reconociendo que es probable que los efectos beneficiosos para la salud sean nulos o escasos (y los posibles daños también), pero con posibilidad de beneficios en otros ámbitos, como el medioambiental.

En resumen, personalmente lo que menos me interesa del estudio es lo que más revuelo ha levantado, su recomendación final.

Actualización:

Tras dos días de observando las reacciones al estudio, he decidido añadir algunos párrafos más sobre mi opinión y sobre lo presenciado.

En primer lugar, quiero volver a dejar claro que la recomendación final, la de aconsejar mantener la ingesta, me parece lo menos riguroso y acertado de la revisión. Lo ideal hubiese sido que los autores su hubieran limitado a aportar los resultados y datos de las revisiones sistemáticas y punto. Pero puestos a hacerlas y viendo los resultados (ninguno favorable a la ingesta de carne), creo que hubiera sido bastante más lógico hacer recomendaciones de reducción de la ingesta, poniéndolas en contexto y añadiendo los matices que fueran necesarios: que en el mejor de los casos se beneficiaría una persona de cada 100, que dado que la evidencia es muy floja y los efectos detectados pequeños es posible que no tenga que ser una recomendación prioritaria o de primer nivel, que sería más aplicable a personas que consuman más cantidad, etc.

Por otro lado, tampoco me han convencido demasiado las reacciones de las que he sido testigo. Para desautorizar esta revisión muchos se han centrado en utilizar el principio de autoridad, citando las recomendaciones de otros expertos o grupos de ellos supuestamente más significativos, imparciales, prestigiosos o cualificados. Otros han preferido inclinarse por el alarmismo y se han dedicado a acusar a sus autores de poner en peligro la salud pública o de desprestigiar la ciencia de  la nutrición.  Personalmente creo que este tipo de posturas pueden ser hasta contraproducentes, ya que consiguen que la gente se posicione aún más en los extremos (anti-carne vs pro-carne) o que termine no creyendo en nada.

En mi opinión, seguro que muy discutible, es más constructivo y efectivo explicar con tranquilidad lo que en el estudio tiene "chicha" y lo que no y reflexionar sobre ello. Detrás del documento final hay una serie de revisiones sistemáticas muy interesantes (1, 2, 3, 4, 5) que dan lugar a datos como los presentados en esta tabla:



Todo ello puede dar lugar a preguntas y respuestas jugosas. ¿Los resultados de los riesgos absolutos parecen rigurosos? ¿Sus valores qué nos dicen? ¿Son más o menos relevantes que los de otros tipos de factores dietéticos a limitar (ultraprocesados, azúcares...)? ¿La recomendación final realmente tiene justificación? ¿Habría posibilidad de hacer otras recomendaciones coherentes con esa evidencia (débil) teniendo en cuenta los mismos resultados e incluso otros que también pueden ser de dominio público y conocidos?

Yo creo que con este tipo de enfoques todos podríamos aprender algo de esta revisión y hasta podría haber más probabilidades de que incluso aquellos que estén posicionados en los extremos puedan flexibilizar sus planteamientos. O tal vez no...

Pero insisto, esto es solo mi opinión.

15 sept. 2019

Ácidos grasos poliinsaturados, omega-3, omega-6 y diebetes tipo 2: nueva revisión Cochrane

Tan solo unas líneas para informarles de los resultados de la última revisión sistemática de Cochrane sobre los ácidos grasos poliinsaturados en general y sobre los omega-3 y omega-6 en particular, en este caso en relación a sus posibles efectos para la prevención y tratamiento de la diabetes tipo 2.

El metaanálisis, publicado hace unas semanas como "Omega-3, omega-6, and total dietary polyunsaturated fat for prevention and treatment of type 2 diabetes mellitus: systematic review and meta-analysis of randomised controlled trials" (2019), es de libre acceso, así que pueden leerlo completo sin ningún problema.

26 ago. 2019

Huevos y colesterol, resultados del ultimo metaanálisis de ensayos

Hace tan solo unos días publiqué un post resumiendo los resultados de la última revisión que ha analizado todos los metaanálisis sobre los estudios observacionales que relacionan la ingesta de huevos y diversas enfermedades. Y las conclusiones no aportaban demasiadas razones para preocuparse.

Esa información es importante porque se refiere a enfermedades y patologías, pero les recuerdo que no deja de ser observacional, y por lo tanto tiene sus limitaciones. Si queremos completarla, lo ideal sería centrarse en ensayos de intervención. Y como lo habitual es que las directrices sobre la ingesta de huevos se asocien a los posibles cambios en los indicadores lipídicos, sobre todo el colesterol, en este post vamos a conocer los resultados de las últimas investigaciones en ese sentido.

El último metaanálisis de ensayos de intervención que analiza este tema se publicó el año pasado en la revista de los nutricionistas norteamericanos (iba tocando, ya que han pasado casi 20 años desde que se realizó el anterior metaanálisis). Se trata de "Effects of Egg Consumption on Blood Lipids: A Systematic Review and Meta-Analysis of Randomized Clinical Trials" (2018) y recopiló y sintetizó de forma específica los resultados de 28 publicaciones sobre intervenciones realizadas con más de 1700 personas en las que se compararon los indicadores lipídidos al seguir dietas con huevos (normalmente entre 1 a 3 diarios) frente a dietas con algún tipo de sustitución de este alimento.

19 ago. 2019

Huevos y salud, resumen de todos los metaanálisis



La relación entre los huevos y la salud nos tiene en un sinvivir. Aunque parece que las restricciones a su consumo se han ido relajando bastante durante los últimos años, de vez en cuando nos llegan noticias que nos sobresaltan y nos hacen dudar.

Por ejemplo, hace unos meses los titulares de numerosos medios (1, 2) nos alertaban de las conclusiones de un estudio observacional: "Associations of Dietary Cholesterol or Egg Consumption With Incident Cardiovascular Disease and Mortality" (2019), un trabajo publicado en la prestigiosa JAMA en el que se detectó un aumento del riesgo de mortalidad y enfermedad cardiovascular entre quienes más huevos comían. Como contrapartida, tan solo unos días después, otro estudio llegaba a conclusiones bien diferentes, el metaanálisis de ensayos "Impact of Whole Egg Intake on Blood Pressure, Lipids and Lipoproteins in Middle-Aged and Older Population: A Systematic Review and Meta-Analysis of Randomized Controlled Trials" (2019).  Sus autores concluyeron que "el huevo entero no afecta los factores de riesgo de enfermedad cardiovascular". Aunque teóricamente un metaanálisis de ensayos de intervención es un tipo de investigación con mayor valor probatorio que un estudio observacional, en este caso ningún medio decidió mencionarlo. Lo cierto es que a la hora de valorar el impacto mediático de cada investigación conviene recordar que suele depender más de la capacidad de influencia de las agencias de comunicación contratadas por las revistas científicas o las universidades que lo publican o financian, que de la relevancia de la propia investigación. Pero de cualquier forma, tanta diversidad de resultados y tanto titular sensacionalista genera confusión.

Entonces, ¿los huevos son malos o no? ¿Ha habido cambios significativos en la evidencia desde lo que conté en los últimos artículos sobre el tema?

26 jul. 2019

Eficacia de la dieta paleo para reducir el sobrepeso y la obesidad, nuevo metaanálisis

Aunque se han publicado un par de revisiones sistemáticas sobre la dieta paleo en las que se ha analizado su eficacia para la pérdida de peso (1, 2), en ambas el objetivo era un conjunto de indicadores relacionados con la salud bastante amplio y todavía no había ninguna en la que se hubiese realizado un análisis específico y completo sobre su posible efecto en las variables antropométicas que se suelen utilizar para el control del peso.

Hace tan solo unos días hemos conocido un primer metaanálisis desde esta perspectiva, "Influence of Paleolithic diet on anthropometric markers in chronic diseases: systematic review and meta-analysis" (2019), una investigación sobre 11 ensayos aleatorizados en los que a personas con diversas enfermedades crónicas (obesidad, dislipemia, diabetes tipo 2, síndrome metabólico, etc.) se les hizo seguir una dieta paleo, en periodos de entre 2 y 24 meses y cuyos resultados se compararon con los de grupos de control que siguieron otras dietas (bajas en grasas o recomendaciones dietéticas oficiales).

19 jul. 2019

Productos para la alimentación complementaria infantil: nuevas directrices de la OMS

La OMS acaba de publicar un informe sobre los productos dirigidos a la alimentación complementaria infantil (la que sigue a la lactancia materna y llega hasta los 36 meses), titulado "Ending inappropriate promotion of commercially available complementary foods for infants and young children between 6 and 36 months in Europe" (2019). El documento tiene como objetivo aportar una serie de directrices y recomendaciones sobre este tipo de alimentos - tanto los utilizados en las comidas (como los típicos potitos y lácteos), como los "recreativos" (golosinas, aperitivos y similares, tales como los gusanitos o las chuches) - desde diferentes perspectivas: la  nutricional y la de su venta y comercialización.

La idea es que sobre todo sirva de referencia para los fabricantes a la hora de producir y comercializar este tipo de productos, pero también puede estar dirigido a agentes normativos o legisladores e incluso a profesionales relacionados con la alimentación.

Aunque sin duda el informe es valioso y útil para los más interesados, sus más de 170 páginas y su idioma (inglés) podrían desmotivar a alguno, así que a continuación les incluyo un resumen de sus conclusiones principales traducidas.

2 jul. 2019

Lácteos y salud, resumen de los estudios observacionales

Los estudios observacionales que relacionan alimentos y salud no dejan de acumularse, así que es de  agradecer que de vez en cuando algunos expertos se dediquen a recopilarlos y a evaluar la evidencia que aportan. Cuando la cantidad de estudios es muy grande y han dado lugar a un número importante de metaanálisis, puede ser una buena idea hacer una "recopilación de recopilaciones", es decir, identificar, agrupar y analizar los resultados de todos estos metaanálisis.

Imagino que esto es lo que han pretendido los autores del documento "Dairy foods and health: an umbrella review of observational studies" (2019), en el que han revisado los metaanálisis realizados sobre la relación entre el consumo de lácteos y diversas enfermedades e indicadores de salud. Su trabajo nos puede ser útil para hacernos una idea de los resultados de las investigaciones en este sentido y si además los representamos gráficamente, podremos hacer esta lectura más fácilmente, casi de un vistazo.

Así que he decidido tirar de Excel y dibujar unos cuantos gráficos de barras, basándome en la información del documento original. Aclarar que los valores de las barras que aparecen por encima del valor 1 (la línea horizontal resaltada en todos los gráficos) suponen un aumento del riesgo, mientras que los que están por debajo, representan una reducción del riesgo. Y los colores muestran la solidez de los resultados, de acuerdo a criterios estadísticos y al análisis de los autores (heterogeneidad, segmentación, variables de confusión, etc.), tal y como se explica en la siguiente figura:


27 jun. 2019

¿El consumo moderado de alcohol es saludable? Resultados de las últimas revisiones


Cuando hablamos de la relación entre la ingesta de alcohol y la salud, la mayoría de la información que nos llega es contradictoria y confusa.

Por un lado hay claros posicionamientos en contra de entidades relevantes, como la OMS, que alertan de los peligros de su consumo y animan a promover políticas para su reducción (fuente). Por otro, hay otras entidades relacionadas con la alimentación que sugieren en sus recomendaciones que su consumo "responsable y moderado" no es incompatible con una buena salud (ejemplo, ejemplo). Y entre la comunidad científica hay opiniones destacadas favorables a los beneficios del consumo moderado de alcohol (ejemplo).

12 jun. 2019

Cereales integrales y peso corporal, nuevo metaanálisis... y escasas evidencias

Han pasado casi seis años desde que escribí un post en el que les contaba los resultados de una revisión sistemática de ensayos de intervención sobre la ingesta de cereales integrales y su efecto en el peso corporal. Se lo resumo en pocas palabras: no encontró evidencias de beneficios en ese sentido.

Desde entonces se han publicado otros muchos estudios y revisiones sobre este tipo de alimentos, la mayoría con resultados favorables para su consumo, pero si no me equivoco ninguna de ellas ha vuelto a tratar de forma específica su relación con el peso y la obesidad. Así que es de agradecer que hace tan solo unos días se diese a conocer otra investigación sobre este tema en la revista Nutrients.

13 may. 2019

Recomendaciones dietéticas oficiales en el mundo: diferencias y similitudes


¿Son la recomendaciones dietéticas iguales en todo el mundo? Si son habituales seguidores de este blog, sabrán que no, porque en más de una ocasión he detallado alguna de ellas (Canadá, EE.UU, Brasil, Países Nordicos,...) y sus significativas diferencias. Pero lo cierto es que nunca me he parado a analizar de forma completa y sistemática lo que podemos encontrar en este sentido por todo el planeta. Y la  razón es sencilla; la labor de recopilación me parece muy complicada. Cada uno hace la guerra por su cuenta y como consecuencia podemos encontrar decenas y decenas de recomendaciones dietéticas, prácticamente una por cada país.

Parece que un equipo de expertos ha tenido la misma inquietud, pero ellos han sido más voluntariosos y se han puesto manos a la obra, recopilando, organizando y analizando todas las que han podido encontrar (que han sido las de 90 países diferentes). El resultado lo podemos leer en el estudio publicado hace un par de semanas, "A Global Review of Food-Based Dietary Guidelines" (2019).

5 may. 2019

Dieta paleo y riesgo cardiovascular, primera revisión sistemática

Hace unos días se publicó la primera revisión sistemática sobre los efectos de las llamadas "dietas paleolíticas" o "dietas paleo" en indicadores de riesgo cardiovascular. El trabajo se titula "Effects of a Paleolithic Diet on Cardiovascular Disease Risk Factors: A Systematic Review and Meta-Analysis of Randomized Controlled Trials" (2019) y sus autores seleccionaron ocho ensayos de intervención, en los que analizaron los resultados obtenidos. En los ocho ensayos se comparó el efecto de la dieta paleo respecto al de otras dietas consideradas saludables (en uno de ellos respecto a la dieta habitual de los participantes), en indicadores relacionados con la salud cardiovascular: triglicéridos, colesterol, presión arterial, composición corporal e inflamación.

A continuación pueden ver los gráficos con los resultados obtenidos en cada indicador:

3 may. 2019

Sal, hipertensión y salud, últimas revisiones y algunas reflexiones

Hace un tiempo escribí algunos post (1, 2, 3, 4) sobre los estudios que se estaban publicando en torno a la cantidad de sodio o sal que ingerimos y su relación con la salud. Si tuvieron la oportunidad de leerlos, comprobarían que era bastante complicado sacar conclusiones claras de ellos. El último que cité era de 2015 y lo cierto es que desde entonces se han publicado algunos más.

23 abr. 2019

Alimentación complementaria tras la lactancia, últimas revisiones


Para los padres y madres menos experimentados, la fase en la que se empieza a dar al bebé alimentación complementaria tras el periodo de lactancia puede estar llena de dudas.¿Qué alimentos hay que priorizar? ¿En qué cantidad? ¿Con qué frecuencia? Lo normal y recomendable es que se sigan las directrices del pediatra, claro, aunque los más curiosos es posible que quieran conocer de primera mano lo que dice la evidencia sobre la alimentación durante este periodo tan concreto y especial de la vida de las personas, en el que se comienzan a ingerir alimentos diferentes a la leche materna o de fórmula.

Para poder hacer una evaluación de la situación actual respecto a la evidencia científica en este ámbito, se acaba de publicar en la revista de la Sociedad Norteamericana de Nutrición un suplemento especial sobre alimentación infantil y durante el embarazo, con una buena cantidad de artículos, a los que pueden acceder desde este enlace. El documento incluye las siguientes revisiones sistemáticas sobre la alimentación complementaria y su influencia en diversos aspectos relacionados con el crecimiento y la salud:

11 abr. 2019

Índice glucémico y salud, últimos estudios

Cuando publiqué "Lo que dice la ciencia para adelgazar" en el año 2012 los resultados epidemiológicos publicados hasta entonces me hicieron pensar que próximos estudios irían confirmando la utilidad de la respuesta glucémica (medida mediante el índice glucémico-IG o la carga glucémica-CG) para evaluar la relación entre un alimento y la salud. Sin embargo, tal y como he ido recopilando en  algunos posts (12), esta evidencia no ha llegado de forma tan clara como yo preveía, quedando lagunas y preguntas sin resolver.

En este post intenté poner sobre la mesa las cuestiones que hacen dudar del modelo en el que la insulina aparece como factor fundamental y prioritario en la epidemia de obesidad y las enfermedades crónicas. Que conste que sigo pensando que futuras investigaciones concretarán su papel y posiblemente le encontrarán cierta utilidad, aunque sea bastante menos relevante de lo que algunos esperábamos.

Para ir visualizando lo que va ocurriendo, les traigo unos cuantos estudios recientes sobre el tema con resultados tan interesantes como contradictorios. Que quede claro que no es una recopilación exhaustiva, he seleccionado unos pocos que me han parecido especialmente didácticos y representativos por su dimensión, enfoque o resultados.

4 abr. 2019

Nutri-Score en la vida real, capítulo 4

Tras varios posts (1, 2, 3) con fotografías de diversos productos alimenticios y sus etiquetas Nutri-Score, finalizo con uno más, en esta ocasión yendo"a pillar". De nuevo he recopilado resultados que son bastante discutibles y que me parece que no coinciden demasiado con los resultados de los estudios.

29 mar. 2019

Nutri-Score en la vida real, capítulo 3: Galletas

Tras un par de posts (1, 2) destacando algunas dudosas valoraciones del nuevo sistema de etiquetado Nutri-Score (en este enlace pueden conocerlo a fondo) y varias visitas más al supermercado, he pensado que tocaba un post algo menos crítico, en el que hacer hincapié de alguna de sus virtudes, que también las tiene.

Como ya he comentado anteriormente, aunque este sistema no es ni mucho menos perfecto hay alimentos que evalúa bastante bien. He podido comprobar que uno de ellos son las galletas. Cuando digo bastante bien me refiero a que las castiga como se merecen, con valoraciones mayoritariamente negativas (E y D). Algo de lo que me alegro especialmente, ya que como expliqué en La Guerra contra el Sobrepeso, todas las galletas son un producto muy poco saludable, que los fabricantes venden masivamente a los más pequeños, y que disfrazan increíblemente bien para sugerir supuestos beneficios para la salud cuando está dirigido a los adultos.

A continuación les muestro unas fotos con las galletas que presentaban etiqueta Nutri-Score. Les recuerdo que son todas de la marca Eroski porque esta empresa ha decido utilizarlo voluntariamente, cosa que no hacen el resto de los fabricantes por razones obvias:


15 mar. 2019

Dieta mediterránea y enfermedad cardiovascular, nueva revisión Cochrane

Se acaba de publicar una nueva revisión sistemática de especial interés para los interesados por la nutrición. Se trata de una actualización del análisis de la efectividad de la dieta mediterránea para la prevención de la enfermedad y mortalidad cardiovascular, realizada por la rigurosa y exigente iniciativa Cochrane. El documento se titula "Mediterranean‐style diet for the primary and secondary prevention of cardiovascular disease" (2019) y nos ofrece una completa revisión sistemática, que está accesible en su totalidad desde este enlace.

11 mar. 2019

Nutri-Score en la vida real, capítulo 2

Hace unos días les contaba en este post los curiosos (y algo contradictorios) resultados que habían obtenido con el etiquetado Nutri-Score dos productos de la marca banca de Eroski elegidos al azar, la tortilla de patata y el jamón cocido. La tortilla de patata sin cebolla y el jamón cocido normal salían mejor valorados que la tortilla con cebolla y que el jamón cocido extra, algo que era difícil de justificar comparando los ingredientes y la composición nutricional de cada uno de ellos.

Estos resultados han avivado aún más mi curiosidad por este nuevo sistema de etiquetado, así que he vuelto al supermercado, cámara en mano y con algo más de tiempo. Todavía no hay demasiados productos que lo utilicen, pero la cantidad es suficientemente significativa como para empezar a sacar algunas conclusiones.

Antes de nada, a quienes no conozcan cómo funciona el etiquetado les recomiendo pasarse por este post anterior, en el que lo explico (desde una perspectiva crítica) con detalle. Para aquellos que prefieran lo breve, se lo resumo: Es un sistema que pretende informar sobre la calidad nutricional de alimentos procesados basándose en las proporciones de ciertos nutrientes.  Tiene 5 niveles, que se representan mediante cinco colores y cinco letras:


La mayoría solemos interpretar estos cinco niveles más o menos así:
  • A (Verde oscuro) = Muy sano
  • B (Verde claro) = Sano
  • C (Amarillo) = Reguleras
  • D (Naranja) = Insano
  • E (Rojo) = Muy insano
Pues bien, tras darme unas vueltas por el supermercado y dejar a los trabajadores del mismo bastante mosqueados, a continuación les cuento con lo que me he encontrado.

8 mar. 2019

Nutri-Score, primeras sorpresas

Hace unos meses publiqué un par de posts (1, 2) comentando el nuevo sistema Nutri-Score para la información nutricional de alimentos, explicando cómo funciona y enumerando las posibles ventajas e inconvenientes que se podían prever. Pues bien, hoy he entrado al supermercado Eroski de al lado de mi casa y me he encontrado con que que ya lo han empezado a  implantar en sus productos de marca blanca.

Así que no he podido evitar echar un vistazo a la valoración que han obtenido dos de los productos. Y ambos me han sorprendido.

Les prometo que solo he mirado esos dos productos, ni uno más. Ha sido prácticamente al azar, lo he hecho sin ningún tipo de malicia ni premeditación. Pero les cuento los detalles, a ver si ustedes también se sorprenden con los resultados.

El primer producto que he comprobado ha sido la tortilla de patata fresca, esta:


7 mar. 2019

Estrategia para la prevención de la obesidad infantil en Euskadi, unas reflexiones

Hace unos días el Consejero de Sanidad del Gobierno Vasco presentó la Estrategia para la prevención de la obesidad infantil en  Euskadi. Pueden descargarlo completo desde este enlace.

Es un documento que me resulta especialmente interesante por dos razones: la primera es obvia, porque está directamente relacionado con la temática principal de este blog. Y la segunda, porque es una iniciativa dirigida al territorio en el que resido.

Antes que nada, que quede claro que me parece fenomenal que existan este tipo de iniciativas, ya que son necesarias políticas a todos los niveles dirigidas a asegurar una alimentación saludable y a prevenir la obesidad.  Pero tras realizar una primera lectura del documento, tengo que decir que mi sensación ha sido algo agridulce en lo que respecta a sus contenidos sobre alimentación. He encontrado ideas interesantes, pero también he echado en falta bastantes cosas que considero especialmente relevantes.

A continuación expongo a través de tres preguntas aquello que he echado de menos o que no he percibido suficientemente claro en la perspectiva de la alimentación:

21 feb. 2019

¿Cuál es la eficacia de los dietistas a la hora de perder peso?



En el contexto actual de sobreinformación y "malainformación" sobre alimentación, el apoyo profesional parece especialmente importante. Yo mismo en numerosas ocasiones he recomendado buscar la ayuda de expertos en nutrición (en España dietistas-nutricionistas y técnicos superiores en dietética) a la hora de abordar intervenciones dietéticas,  sea cual sea el objetivo buscado. Y si finalmente nos inclinamos por hacerlo, quizás nos surja una pregunta: ¿Se ha estudiado hasta qué punto es eficaz y diferenciador en apoyo de un sanitario especializado en nutrición en un proceso de pérdida de peso? ¿Hay estudios que hayan investigado este tema?

12 feb. 2019

¿Dejar de comer ultraprocesados funciona para adelgazar? Primer ensayo

Era cuestión de tiempo que llegara el primer ensayo sobre la efectividad de dejar de comer ultraprocesados para perder peso. Y la casualidad ha querido que coincida con la publicación de otro estudio sobre el consumo de ultraprocesados y el riesgo de mortalidad.

Pero vayamos por partes: empecemos por el más interesante, el ensayo. El trabajo todavía está en fase de prerrevisión y se titula , "Ultra-processed diets cause excess calorie intake and weight gain: A one-month inpatient randomized controlled trial of ad libitum food intake" (2019) . Un estudio liderado por Kevin Hall, investigador citado en varias ocasiones en este blog (1, 2), con un diseño bastante interesante y resultados prometedores.

8 feb. 2019

Lo que se come en España

Siempre he pensado que la información que ofrece el INE (Instituto Nacional de Estadística español) no se utiliza en todo su potencial a la hora de definir políticas y divulgar. Quizás sea un sesgo personal, ya que soy el primero que lo infrautilizo. Aunque las pocas veces que le he dedicado unos minutos  he llegado a conclusiones realmente interesantes.

Por ejemplo, estos días he estado trasteando con la Encuesta de Presupuestos Familiares, una base de datos en la que se recopila - entre otras cosas - la compra por familia y persona de diversos grupos de alimentos (ya la utilicé hace un tiempo para escribir un par de posts, 1, 2). Pues bien, tras filtrar y reorganizar algunos números, me han salido un par de gráficos que creo que son interesantes, ya que nos aportan una buena "foto" de lo que comemos los españoles y de cómo puede haber cambiado nuestra alimentación durante la última década.

4 feb. 2019

Infografías sobre comer saludable y alimentos procesados

Hace unos  días Hernán J. Sardi  proponía una iniciativa: consensuar entre personas que divulgamos sobre nutrición algún tipo de documento sobre alimentación saludable. Una idea tan interesante como compleja, en mi opinión, pero como además se animó a citar a algunos de los posibles participantes, entre los que se encontraba un servidor, estos días he estado pensando en cómo podría colaborar.

Obviamente, dado el contenido y filosofía de este blog, podría ayudar a buscar estudios y a analizar sus conclusiones, para así poder justificar las recomendaciones que pudieran salir. Me ofrezco a ello. Pero durante en lugar de ponerme con Pubmed me he liado a trastear con dibujos, figuras, líneas, colores, imágenes... cosas de la motivación, supongo. Aunque sin olvidarme de los resultados de los cientos de estudios y metaanálisis que he ido publicando en el blog, claro.

Finalmente me han salido un par de infografías sobre alimentación saludable y alimentos ultraprocesados que he pensado que podrían ser útiles para la propuesta de Hernán. No sé muy bien de qué forma podrían utilizarse, quizás como punto de partida, como esquema, como borrador, de inspiración o tal vez para el inicio del debate. Ya veremos.

Aquí tienen la primera  sobre alimentación saludable (pinchar para agrandar):



Y esta sería la segunda  sobre alimentos ultraprocesados:



En este enlace están ambas en pdf.

Los habituales de este blog habrán reconocido en estas imágenes parte de algunas de las ideas que ya he utilizado con anterioridad, como por ejemplo la escala de alimentos más o menos saludables o la representación visual del sistema de clasificación NOVA de alimentos procesados y ultraprocesados.  E imagino que hay algunas cosas con las que no todo el mundo estará de acuerdo, como es normal. Insisto en que es una primera propuesta y que espero que se vaya mejorando y completando con explicaciones detalladas.

Las sugerencias y comentarios serán bienvenidos.

23 ene. 2019

Nuevas directrices dietéticas canadienses: menos ultraprocesados y más cocinar

Aunque  muchos países tienen sus propias directrices dietéticas, lo cierto es que la mayoría son muy similares y muchas de ellas podrían considerarse copias de las más influyentes o conocidas. Las que se llevan la palma en popularidad sin duda son las norteamericanas Dietary Guidelines for Americans (DGA) - sobre las que pueden leer unas reflexiones en este post -  que han servido de inspiración durante años a muchas otras. Sin embargo, de momento las DGA no han demostrado ser útiles para prevenir la obesidad ni la mejora de la salud de los norteamericanos.

En España llevamos mucho tiempo anclados a la pirámide de la estrategia NAOS y parece que nos conformamos con la manita de pintura periódica que los señores de la SENC suelen dar a su particular pirámide y con que el gobierno firme acuerdos con la industria, poco prometedores y poco basados en ciencia. Pero otros gobiernos están lanzándose a avanzar de verdad, intentando dejar atrás ideas vetustas, innovando y proponiendo otro tipo de planteamientos. Sin olvidar el rigor y la evidencia, claro. Es lo que hicieron hace unos años en Brasil (como conté en este post), lo que han hecho en Chile con su normativa de etiquetado (como se cuenta en este articulo) y lo que parece que pretenden hacer en Canadá con su nueva guía dietética recién estrenada. Desde ayer pueden encontrar toda la información en la web Canada's Food Guide.

16 ene. 2019

¿La reformulación de alimentos para reducir el consumo de azúcar es útil para mejorar la salud? primera revisión sistemática


Hace unos meses expliqué en este post por qué creo que el "plan estrella" que presentó el Gobierno para combatir la obesidad y mejorar la alimentación de la población española, titulado "Plan de colaboración para la mejora de la composición de los alimentos y bebidas y otras medidas 2017-2020", me parece un gran fail. Lo resumo brevemente: Porque no se basa en ciencia.

Como conté en dicho artículo, en el momento de aprobar el plan no había ensayos publicados que mostraran un mínimo de evidencia sobre la eficacia de la estrategia principal que propone: la reformulación de alimentos ultraprocesados respecto a su composición en grasas saturadas, azúcares y sal, con el objetivo de mejorar la salud de quienes los consumen. Las referencias que se incluían en el documento descriptivo, además de escasas, no probaban la efectividad mediante indicadores clínicos significativos. Y, para colmo, el estudio fundamental que se citaba (con resultados además poco prometedores) se había añadido a posteriori, es decir, cuando el plan ya estaba redactado.

No sé si el plan finalmente seguirá adelante, pero la ciencia sí lo hace. Relacionada con este tema, se acaba de publicar la primera revisión sistemática que estudia precisamente la posible eficacia de una estrategia de reformulación de los alimentos procesados, enfocada en el azúcar. El trabajo es "Effects of product reformulation on sugar intake and health—a systematic review and meta-analysis" (2019) y ha sido realizado por expertos del Reino Unido, analizando toda la tipología de estudios existente: ensayos de intervención, estudios observacionales y estudios de modelización (modelos teóricos). Así que he pensado que sería interesante dedicar este post a conocer un poco mejor sus resultados.

10 ene. 2019

La esquiva relación entre el colesterol dietético y el colesterol en sangre

Durante años hemos convivido con recomendaciones para restringir la ingesta de alimentos ricos en colesterol (como el huevo y la carne) con la intención de reducir los niveles del LDL-C (también llamado "colesterol malo"). Sin embargo, la evidencia que justifique la utilidad de esta estrategia parece querer hacerse de rogar;por ejemplo, en la revisión sistemática sobre el tema "Dietary cholesterol and cardiovascular disease: a systematic review and meta-analysis"(2015) los autores confirmaron con bastante contundencia la falta de pruebas al respecto.

Como consecuencia de estas incertidumbres, se han ido relajando las recomendaciones restrictivas respecto al colesterol que ingerimos con los alimentos. Pero es importante llegar a conocer con detalle los posibles efectos que puede tener su ingesta, ya que para elaborar las políticas de salud pública se suele seguir asociando el LDL-C con enfermedades cardiovasculares.

Hace unos días se publicó un estudio que puede ayudarnos a conocer mejor esta relación. Me refiero al trabajo publicado en la revista de los nutricionistas norteamericanos "Meta-regression analysis of the effects of dietary cholesterol intake on LDL and HDL cholesterol" (2018). Sus autores recopilaron los resultados de 55 ensayos sobre la ingesta de colesterol y su influencia en los niveles de colesterol LDL (malo) y HDL (bueno), con el objetivo de buscar modelos para predecir dicha relación. Y para hacer este trabajo, tuvieron que hacer bastante análisis estadístico, incluyendo algunos gráficos que pueden ser ilustrativos y que he decidido traer al blog.

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