Como las dietas altas en proteínas reaparecen cada cierto tiempo (sobre todo antes del verano), este macronutriente esencial tiene colgados unos cuantos sambenitos que se repiten una y otra vez de boca de nutricionistas y periodistas poco actualizados.
Una de esas letanías es que el exceso de proteínas daña los riñones, pero independientemente de que estas dietas nos gusten o no, esa acusación es sencillamente falsa. El origen de esta falacia es la restricción proteica a la que se somete a algunas personas con algún tipo concreto de disfunción renal. Sin entrar en detalles, es cierto que hay casos en los que a algunas personas que tienen alguna enfermedad de gravedad en los riñones se les aconseja ingerir pocas proteínas, para reducir el trabajo que deben hacer éstos. Pero eso no significa que alguien con los riñones normales deba hacer lo mismo. También a alguien con una lumbalgia grave se le recomienda reposo y que deje por un tiempo sus rutinas del gimnasio y de bicicleta. ¿Significa eso que la musculación y la bicicleta son malas para la espalda? Pues no, al contrario.
De cualquier forma, más allá de las teorías, la ciencia es deja poco espacio para el debate en este tema. Se han realizado bastantes estudios al respecto y nunca se ha observado que las proteínas afecten negativamente a los riñones. El más reciente se ha publicado esta misma semana en
Clinical Journal of the American Society of Nephrology, titulado
Comparative Effects of Low-Carbohydrate High-Protein Versus Low-Fat Diets on the Kidney, en el que además de la pérdida de peso y otros factores, se comparó la función renal de dos grupos de personas obesas, uno de ellos con una dieta baja en proteínas y otro con una alta en proteínas, durante dos años. Y nadie tuvo ningún problema en los riñones.
Así que cuando vuelva a escuchar esta cantinela como argumento para criticar las dietas altas en proteínas, sepa que quien lo dice no se documenta hace años. O quizás lo haga porque tenga otros intereses ocultos.