Lo que dice la ciencia para adelgazar de forma fácil y saludable

10 feb. 2015

¿Qué evidencias había en las primeras recomendaciones dietéticas sobre las grasas?

Hace un tiempo, publiqué una serie de posts relatando la evolución que han seguido las recomendaciones dietéticas más conocidas e influyentes del planeta, las norteamericanas Dietary Guidelines for Americans. Y, tal y como les conté entonces, la que puede considerarse la primera edición de las mismas vio la luz en 1977, incluyendo las siguientes directrices desde dos perspectivas diferentes:



Desde el punto de vista de los nutrientes:
  1. Aumentar el consumo de carbohidratos complejos y azúcares desde alimentos naturales.
  2. Reducir el consumo de azúcares refinados y procesados, grasas totales, grasas saturadas, colesterol y sodio (sal).
Desde el punto de vista de los alimentos:
  1. Aumentar el consumo de frutas, vegetales y cereales integrales.
  2. Reducir el consumo de azúcares refinados y procesados y de alimentos con mucho azúcar.
  3. Reducir el consumo de alimentos con muchas grasas y grasas animales y sustituir parcialmente las grasas saturadas por grasas poliinsaturadas.
  4. Reducir los huevos, mantequilla y otros alimentos con mucho colesterol.
  5. Reducir la sal y los alimentos con mucha sal.
  6. Elegir preferiblemente lácteos bajos en grasas o sin grasas (excepto entre niños).
Como pueden observar, la tercera del segundo grupo hace referencia a la reducción de grasas, especialmente a las de origen animal, y a la sustitución de las grasas saturadas por poliinsaturadas. La cuarta aconseja reducir los alimentos concretos que contienen este tipo de grasa y colesterol. Si releen la serie de posts completa, comprobarán que estas recomendaciones ha perdurado hasta la actualidad y siguen siendo similares, con diversos matices, en la mayoría de las guías dietéticas oficiales.

Con objeto de comprobar cual era la evidencia que soportaba aquellas directrices (y las británicas, que se publicaron en 1983), expertos británicos y norteamericanos han revisado los estudios realizados sobre el tema por aquel entonces . El trabajo se acaba de publicar en BMJ, "Evidence from randomised controlled trials did not support the introduction of dietary fat guidelines in 1977 and 1983: a systematic review and meta-analysis", en forma de metaanálisis. Aunque para justificarlas sobre todo se citaron estudios observacionales que relacionaban el consumo de grasas saturadas con la enfermedad cardiovascular, lo cierto es que no era la forma más adecuada de elaborar recomendaciones clínicas, ya que no es riguroso hacer deducciones de causalidad basándose en este tipo de estudios. Por ello, los autores de esta revisión se han centrado en localizar los ensayos de intervención aleatorios y analizarlos. .

Tras recopilar todos los estudios de ese tipo, los han incorporado a su revisión sistemática en forma de metaanálisis. Y los resultados son los siguientes, tanto para la mortalidad global como para las mortalidad por enfermedad cardíaca:




Como pueden observar, no hay ventajas significativas. Y estas son las conclusiones finales de los autores:

Las recomendaciones dietéticas para los 220 millones de norteamericanos y 56 millones de ciudadanos del Reino Unido se introdujeron en 1983 en ausencia de pruebas de ensayos clínicos aleatorios.

Creo que sobran las palabras.

Como complemento, creo que sería interesante que leyeran este artículo que escribí hace unos meses sobre la evidencia actual respecto al mismo tema.

5 comentarios:

  1. Ahora cuéntaselo a la señora del quinto. Te manda a cagar xD. El tema ha traspasado la ciencia, está tan arraigado que creo que perdurará generaciones enteras =/

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  2. Completamente de acuerdo con Andrés.
    Ayer escuchaba a mi compañera de trabajo, muy delgada, hablar con su hermana de los resultados de su último análisis de sangre. "No entiendo cómo tengo el colesterol tan alto, si no como nada de grasa". Pues igual es por eso.

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  3. Es interesante constatar la resistencia de ciertas personas, sectores profesionales enteros a veces, a reconocer cuando han metido la pata.

    En el mismo número de la revista BHJ donde se publica el trabajo que mencionas, se publica también un editorial donde se viene a decir, poco más o menos, lo contrario, que las medidas tomadas en 1977 y 1983 deberían mantenerse:

    "The negative result of the meta-analysis is unsurprising. The most up-to-date review of cohort and RCT studies draws a similar conclusion that there is very limited evidence to support current guidance. However, whether this means that changes to the health policy should be made, is a more complex question."

    T: Los resultados negativos del meta-análisis no son una sorpresa. Las revisiones más recientes de estudios RCT (estudios de intervención randomizados) y de cohorte devuelven la misma conclusión de que hay muy poca evidencia que soporte las recomendaciones actuales. No obstante, si esto significa que se deberían hacer cambios en las políticas de salud, es una cuestión más compleja saber.

    ¿O sea, que las recomendaciones no tenían base, pero que de todas formas quizás deberíamos seguir con las mismas?

    Más adelante explica esta aparente contradicción indicando que no resultan muy creibles los estudios RCT cuando la intervención se reduce a aconsejar sobre la dieta y medir el grado de cumplimiento mediante auto-reporte, ya que los seres humanos somos muy poquito de fiar, y que hay otros estudios que parece que, quizás, según se mire, vistos de esa manera, ... las grasas son malas a rabiar.

    Además:

    "However, there is a body of evidence supporting a link between fat consumption and cardiovascular disease that should be considered first."

    T: En todo caso, existe un cuerpo de evidencia que apoya la existencia de una asociación entre consumo de grasas y enfermedad cardiovascula que debería ser considerada antes [de descartar la hipótesis].

    Face palm?

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  4. Esta frase del editorial lo resume perfectamente:

    "In summary, there are disagreements in the interpretation of available data from RCTs, but despite this there remain reasons to postulate a causal connection between fat consumption and coronary heart disease."

    T: Resumiendo, no hay unanimidad en la interpretación de los datos de los estudios RCT, pero a pesar de eso aun hay razones para postular una relación causal entre el consumo de grasas y la enfermedad coronaria.

    El enlace al editorial completo es este: http://openheart.bmj.com/content/2/1/e000229.full

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    Respuestas
    1. Es increíble que después de tantas revisiones y metaanálisis que no encuentran nada, todavía tantos (y tan relevantes) sostengan esa relación entre el consumo de grasa y la enfermedad coronaria.

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