Lo que dice la ciencia para adelgazar de forma fácil y saludable

26 ago. 2016

Adaptación metabólica, por qué cuesta tanto no volver a engordar

Hace unos meses  hablé de un estudio sobre pérdida de peso (que fue especialmente popular debido a que se centraba en concursantes de un conocido reality show, The Biggest Loser), en el que se analizaba un concepto no demasiado conocido pero que es muy importante en los procesos de pérdida de peso: la "adaptación metabólica". En ese caso comenté sobre todo de dicho estudio y el reality, pero me quedé con las ganas de profundizar en la adaptación metabólica, así que he decidido dedicarle un nuevo post.

Primero, intentaré aclarar el término; se suele llamar así a ciertos cambios metabólicos que ocurren en las personas con sobrepeso tras seguir procesos de adelgazamiento. Cambios que, en general, tienden a ser un problema añadido al complejo fenómeno de la obesidad, ya que en la mayoría de los sujetos suelen acabar en una reducción significativa del gasto energético. Una reducción excesiva, exagerada, mayor de la que sería esperable para la nueva composición corporal.  Y en esa nueva situación de menor gasto energético de "lo normal", es evidente que será especialmente complicado mantener el peso perdido.

Como recordarán, en el mencionado reciente estudio sobre The Biggest Loser ("Persistent Metabolic Adaptation 6 Years After “The BiggestLoser” Competition") el fenómeno quedaba claramente identificado. Seis años después de la intervención de pérdida de peso y a pesar de que bastantes concursantes habían recuperado buena parte de los kilos (aunque seguían estando bastante más delgados que al principio), el gasto energético en sus cuerpos no había parado de disminuir. Según los cálculos de los autores, la adaptación metabólica había llegado a ser de unas 500 kilocalorías diarias, como puede apreciarse en el siguiente gráfico, una cantidad realmente importante.


Aunque el estudio mencionado se publicó hace tan solo unos meses y sus resultados fueron bastante convincentes, lo cierto es que el conocimiento de este fenómeno no es nuevo y hay evidencias de su existencia desde hace tiempo. Estos son algunos estudios que han ido llegando a similares conclusiones a lo largo de los años :
Si leen cada uno de estos trabajos, apreciarán que los autores de los más antiguos eran algo reacios y parecían no querer ver esta adaptación metabólica, tendiendo a explicarla mediante cambios de la actividad física y la reducción de la termogénesis (energía necesaria para metabolizar alimentos) debida a la disminución de la cantidad de comida. Pero según se fueron publicando posteriores estudios, los diferentes expertos fueron confirmando las sospechas menos halagüeñas. No solo la reducción del gasto energético iba bastante más allá de los cambios esperables en la actividad física y la termogénesis, sino que además era mayor entre aquellas personas que habían conseguido adelgazar más. Vamos, que más que recibir un reconocimiento por sus éxitos, parecían estar "condenados" a tener unos cuerpos energéticamente cada vez más ahorradores.

Bien, y una vez aceptada su existencia, ¿se saben las causas que provocan que el cuerpo se vuelva más eficiente tras estar obeso y adelgazar? ¿Cuáles serían los mecanismos biológicos implicados?

En las siguientes revisiones se aborda esta cuestión y lo cierto es que por el momento los expertos tienen más preguntas que respuestas:
Hay diversas hipótesis, pero todavía no se conocen las causas con seguridad, ya que ninguna se ha podido confirmar de forma fiable. Incluso es posible que, como suele ocurrir con el sobrepeso, tengamos que enfrentarnos a un conjunto de ellas.

Una de las teorías más aceptadas se basa en los cambios en los adipocitos o células grasas. Como expliqué en este post, cada vez que engordamos aumenta el tamaño de los adipocitos (hipertrofia), pero también su cantidad (hiperplasia). Sin embargo, al adelgazar sobre todo se reduce su tamaño, sin que las nuevas células que se han creado anteriormente lleguen a desaparecer. Los siguientes estudios y revisiones respaldan este proceso:


Así que tras varios ciclos de engordar y adelgazar iríamos acumulando más células, que se mantendrían pequeñas al perder peso. Pues bien, resulta que un tamaño menor de células grasas supone una menor área superficial de las células, algo que se asocia a una reducción de su capacidad de lipólisis o de oxidación de grasas. También este reducido tamaño celular suele estar asociado a una mayor cantidad de insulina en su entorno, que tampoco ayudaría a favorecer la oxidación de grasas.

Una segunda propuesta está focalizada en la leptina. Los adipocitos más pequeños también se asocian con una menor capacidad de segregación de esta hormona. Como consecuencia, las personas obesas que pierden peso presentan concentraciones bajas y más tendencia a sufrir más apetito y deseos de comer. Algunos autores van más allá y consideran que la leptina realmente regula la prevención de la inanición y al reducirse sus niveles hasta cierto punto se "dispararían" ciertos mecanismos metabólicos, poniendo el cuerpo en modo "ahorro". Pues bien, un exceso de adipocitos (en cantidad) podría provocar una elevación de este punto de "disparo", de forma que sería mucho más fácil llegar a él al reducirse la concentración de leptina, poniendo continuamente el cuerpo en modo "ahorro de energía" y dando lugar a la adaptación metabólica. Estos autores suelen justificar sus ideas mediante estudios como, " Low dose leptin administration reverses effects of sustained weight-reduction on energy expenditure and circulating concentrations of thyroid hormones" (2009), en el que tras administrar leptina se logró "normalizar" el gasto energético.

Un tercer enfoque se centraría en las características del propio proceso de adelgazamiento. ¿Y si es la forma de perder peso la que provoca esa adaptación? Hay estudios que podrían impulsar a pensar eso, como por ejemplo "Metabolic adaptation following massive weight loss is related to the degree of energy imbalance and changes in circulating leptin (2014). En este trabajo, al comparar la adaptación metabólica de los participantes del concurso The Biggest Loser (BLC) con personas que habían adelgazado tras someterse a una operación de baypass gástrico (RYGB), se observó que los operados se habían normalizado al de 12 meses:




¿Quizás una gran cantidad de ejercicio, reducción radical de calorías y dieta baja en grasas, las estrategias más habituales, podrían ser responsables de esa "reacción"? Algunos investigadores así lo piensan, sugiriendo que podrían dar lugar a cambios metabólicos y hormonales que dificultarían el gasto de energía (sobre todo la oxidación de grasas). Lo justifican con estudios como el ya comentado en este blog hace tiempo, "Effects of Dietary Composition on Energy Expenditure During Weight-Loss Maintenance" (2012) en el que se observó que las personas que seguían una dieta baja en grasas para adelgazar eran las que menor gasto energético presentaban, por debajo de las que seguían una dieta de bajo índice glucémico o una baja en carbohidratos, como se puede ver en el gráfico que incluyeron:



Hay otras propuestas que podrían completa a las anteriores, como las relacionadas con la alteración de la microbiota, pero todavía están soportadas por muy pocas evidencias.

De cualquier forma, como les decía, por el momento hay más preguntas que certezas. Evidentemente, si todavía no se conoce el origen de la adaptación metabólica, no tiene demasiado sentido hablar de su prevención. Esperemos que futuras investigaciones vayan aclarando el panorama y, vistas las pruebas, quiero subrayar y resaltar una clara consecuencia de este fenómeno:

Las personas que han sufrido sobrepeso y consiguen adelgazar, para mantener el peso deben comer menos que quienes siempre han sido delgados.

En este caso diríamos que sus cuerpos simplemente se vuelven más eficientes y ahorradores gestionando la energía, para su desgracia.

Esta conclusión es especialmente importante para las estrategias para la lucha contra el sobrepeso, pero también debería ser útil contra el estigma que hay hacia las personas obesas. Sobre todo para evitar algunos pensamientos del tipo "si los obesos controlaran su dieta como yo lo hago, no engordarían".

4 ago. 2016

Último estudio sobre proteína animal y aumento de la mortalidad: algunos detalles

Hace unos pocos días un estudio sobre la relación entre la ingesta de proteínas y la mortalidad tuvo bastante repercusión y dio lugar a una buena cantidad de titulares llamativos e incluso un poco alarmistas. En muchos de ellos (por ejemplo unodostres) se afirmaba que esta investigación había demostrado que la ingesta de proteína animal aumentaba el riesgo de mortalidad y la proteína vegetal lo reducía.

Todo este pequeño revuelo se ha debido a la publicación de "Association of Animal and Plant Protein Intake With All-Cause and Cause-Specific Mortality" (2016) y su repercusión es relativamente razonable, ya que está firmado por importantes y conocidos investigadores sobre nutrición, como los primeros espadas de Harvard Walter Willett y Frank Hu, así como por el popular experto italiano Valter Longo. Pero creo que, en este caso, todos esos titulares se dejaron en el tintero algunos detalles que hacen especialmente interesante el estudio y que a continuación voy a comentar.

24 jul. 2016

Últimos estudios sobre las grasas dietéticas



Como ya saben los seguidores habituales de este blog, las grasas dietéticas es uno de los temas sobre los que suelo escribir, sobre todo porque creo que todavía tenemos mucho que aprender respecto a su influencia en la salud. Y como hace tiempo que no lo hago, he dedicado un rato a buscar un poco sobre este tema, con objeto de identificar algunas revisiones sistemáticas y estudios relevantes publicados durante los últimos meses, en los que las protagonistas hayan sido las grasas y su relación con la salud.

Como me he topado con unas cuantas cosas interesantes, he decidido hacerles un pequeño resumen:

28 jun. 2016

Nuevo libro: La guerra contra el sobrepeso, buscando responsables de la epidemia de obesidad

Si han notado que durante las últimas semanas no he estado muy activo en el blog, ahora entenderán la razón: estaba trabajando en la revisión final de "La guerra contra el sobrepeso", un proyecto que me ha tenido agradablemente ocupado.

En este caso es probable que su contenido les parezca más polémico y controvertido que el de libros anteriores, ya que he querido profundizar en las razones que nos han llevado a la situación actual - un tercio de los adultos sufriendo sobrepeso - buscando responsabilidades, posibles culpables y factores que lo han provocado. Les aseguro que según investigaba y recopilaba información durante la escritura, las cosas se ponían cada vez más interesantes.

También hago una reflexión sobre los enfoques que, desde un punto de vista global, serían necesarios para plantar cara al problema y tener alguna probabilidad de solucionarlo. Todo ello basándome en la ciencia y en las investigaciones recientes, como es habitual, recurriendo a gran cantidad de referencias.

Esta es la sinopsis:

"La epidemia de obesidad se extiende por todo el planeta y se ha convertido en un problema de salud de primer orden, afectando a millones de personas, empeorando su calidad de vida y disparando los costes sanitarios. 

Las víctimas son tantas y los efectos tan negativos que no nos queda más remedio que aceptar que estamos en guerra contra el sobrepeso. Ha llegado el momento de presentar batalla, de enfrentarse definitivamente al problema, utilizando todas las armas y recursos que sean necesarios, basados en la ciencia y en la investigación más rigurosa.

Pero ¿quién es el enemigo a combatir? ¿Contra quién debemos luchar? ¿Y cuáles son las mejores estrategias de combate para tener alguna posibilidad de salir victoriosos?

Un libro que le permitirá conocer el complejo entramado de intereses y circunstancias que sostienen la obesidad y las claves fundamentales para enfrentarse a ello."

Pueden descargar una muestra gratuita con el primer capítulo completo (50 páginas) desde este enlace. El libro completo tiene 360 páginas y, como es habitual, está disponible desde un precio muy razonable.

Estos son los enlaces para adquirirlo en diferentes formatos:

Kindle: En Amazon, en este enlace (3,15 euros).
Epub:  En Lulu.com, en este enlace (3,15 euros)
PDF: En Lulu.com, en este enlace (3,15 euros)
Papel: En Amazon, en este enlace y en Lulu en este enlace (11,75 euros) 

Si finalmente se deciden a adquirirlo, agradeceré mucho sus opiniones y feedback.

20 jun. 2016

Aceites vegetales para freír y grasas trans

Hace unas semanas escribí un post sobre las cuestiones pendientes respecto a las grasas vegetales y su relación con la salus, en el enumeraba la gran cantidad de preguntas sin respuesta que todavía hay con este alimento. Pero hubo un asunto que no mencioné y que también tiene relevancia al hablar de los efectos perjudiciales de cocinar a altas temperaturas: la generación de grasas trans  que se producen en esas condiciones.

Gracias a Jorge Ruiz me he enterado de la publicación de un reciente estudio en el que se ha analizado precisamente este aspecto, el cambio en la composición de varios ácidos grasos al freír y calentar de forma larga y sucesiva, incluyendo el de los ácidos grasos trans, que son de especial interés por sus conocidos y bastante demostrados efectos negativos para la salud, como expliqué en este post. El trabajo es "Effect of heating/reheating of fats/oils, as used by Asian Indians, on trans fatty acid formation" (2016) y está centrado en el análisis del comportamiento de seis tipos de grasas utilizadas para cocinar habitualmente en la India, el país natal de los investigadores: los aceites refinados de soja, cacahuete, oliva y colza, el aceite de vanaspati (un tipo de aceite parcialmente hidrogenado), así como la mantequilla. En sus experimentos siguieron varias secuencias de calentamientos y recalentamientos y los usaron para freír, mientras iban tomando muestras y analizando la composición de ácidos grasos saturados, ácidos grasos insaturados y ácidos grasos trans.

16 jun. 2016

"Alimentos como drogas", mi colaboración en Next Door Publishers

"Le ruego que piense durante unos segundos en el alimento que más le gusta. El más sabroso, el que más disfruta comiendo. Imagínelo entrado en su boca, masticándolo lentamente, percibiendo su complejo aroma, tragándolo y percibiendo cómo su gusto se mantiene chispeante durante un buen rato. Piense en cómo disfrutaría con su intenso y placentero sabor. Tras estos instantes de regocijo imaginario, ¿es capaz de aguantar sin levantarse a buscarlo a la cocina o está dispuesto a movilizarse y actuar para conseguirlo? ¿Siente deseos intensos y casi imposibles de soportar? ¿Es una situación excepcional o le ocurre con frecuencia? ¿Con uno o con varios alimentos?"

Así da comienzo mi colaboración con Next Door Publishers, una interesantísima iniciativa para difundir y publicar contenidos de ciencia con estilo y calidad, liderada por Oihana Iturbide y Laura Morrón. Y para mí ha sido un placer y un honor aportar mi granito de arena en ese proyecto.

Pueden leer el artículo completo pinchando en este enlace o en la imagen inferior.


3 jun. 2016

Lo que opina Ioannidis sobre los estudios de nutrición

Para quienes no conozcan a John P. A. Ioannidis, les contaré que  es un profesor de Medicina y de Investigación en Salud y Política  y profesor de Estadística de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Universidad de Stanford. Es muy conocido por sus investigaciones y trabajos sobre estudios científicos, en particular por el documento de 2005 Why Most Published Research Findings Are False" ("Por qué la mayoría de los resultados de investigaciones publicados son falsos"), que con mucha frecuencia citan los amigos de "lo alternativo" para desacreditar a la medicina tradicional o a los científicos en general (aunque no creo que la mayoría ni siquiera lo haya leído, y menos aún entendido e interpretado).

Que quede claro que Ioannidis es un autor de prestigio, con ideas y opiniones interesantes, con frecuencia incómodas, controvertidas o provocadoras. Y ha decido opinar específicamente respecto a la investigación sobre nutrición. En el último número de la revista The American Journal of Clinical Nutrition se incluye un editorial suyo titulado "Necesitamos más ensayos aleatorios sobre alimentación, preferentemente grandes, de largo plazo, y con resultados negativos", que les he traducido a continuación, prácticamente en su totalidad (solo he quitado una pequeña parte en la que enumera algunos estudios específicos publicados en ese número de la revista):

31 may. 2016

Llega "The Obese Brain"

Permítanme  contarles que mi libro, "El Cerebro Obeso", ya está disponible también en inglés: "The Obese Brain".

Con este proyecto quiero acercar la perspectiva neurobiológica de la obesidad, poco habitual y escasamente conocida, a todas aquellas personas de habla inglesa interesadas en el tema. El gran trabajo de traducción lo ha realizado Paul Trollope, que además de dominar prodigiosamente su profesión de traductor y profesor, es una persona con muchas inquietudes intelectuales. Ha sido un placer y un honor trabajar con él.

Además, de forma paralela a este libro, nace el blog con el mismo nombre, "The Obese Brain", en el que iré publicando artículos relacionados con la nutrición, la obesidad y el cerebro. La mayoría serán artículos seleccionados del blog en el que están leyendo estas líneas,  que trasladaré allí, convenientemente traducidos. Por lo que podría considerarse que será una especie de hermano gemelo menor más especializado.

El libro se puede adquirir en formato Kindle, epub,  pdf y papel (Amazon y Lulu). Los enlaces, el precio e instrucciones pueden encontrarlos en este enlace del mencionado blog.

Así que si conocen a alguien que le gusten estos temas, que no domine nuestro idioma y que prefiera la lengua de Shakespeare o que simplemente quiera practicar el inglés, este libro puede ser un buen recurso. O si ustedes mismos quieren colaborar con este proyecto, también pueden adquirir el libro, su ayuda será muy bienvenida y agradecida.

La emoción de otro objetivo cumplido.

Y ahora a por el siguiente...

13 may. 2016

The Biggest Loser, el concurso para adelgazar que cambió el metabolismo de sus concursantes

Hace unos días en New York Times publicó un extenso artículo sobre una situación que ilustra muy bien lo que hemos vivido durante las últimas décadas en torno a la pérdida de peso. Se tituló "After ‘The Biggest Loser,’ Their Bodies Fought to Regain Weight" ("Tras "The Biggest Loser", sus cuerpos lucharon por recuperar el peso perdido") y tuvo una gran repercusión mediática.

Antes de entrar en harina, conviene que describa un poco el contexto, sobre todo para los que, como yo, no estén muy al día sobre programas de la TV.

5 may. 2016

Aceites vegetales y salud, situación actual y cuestiones pendientes

Llevamos décadas escuchando que la versión saludable de las grasas dietéticas la aportan los aceites vegetales. Los argumentos principales siempre han girado en torno a los supuestos beneficios de la sustitución de los alimentos ricos en grasas saturadas (a menudo de origen animal) por los ricos en grasas insaturadas (frecuentemente de origen vegetal). Un mensaje que ha calado profundamente en la cultura dietética de nuestra generación.

El resultado de esta larga campaña ha sido más producción y más consumo de los aceites vegetales, como muestran los siguientes gráficos:

13 abr. 2016

Otro estudio (recuperado) no llega a resultados positivos para las grasas omega-6

Hace ya un par de años publiqué un post sobre un metaanálisis de 2013 en el que se analizó el efecto para la salud de la sustitución de las grasas saturadas por grasas vegetales, en concreto por grasas ricas en ácido linoleico (omega-6). Una parte interesante de aquella revisión era que los autores habían "rescatado" e incluido los datos de un antiguo estudio de intervención sobre ese tema, que se había perdido por razones no demasiado explicadas. Además, aquel metaanálisis tenía otro interés añadido, ya que no encontró beneficios a la intervención. Vamos, que reducir la grasas saturadas en favor de aceites como el de maíz o el de soja no parecía ser beneficioso para la salud cardiovascular ni para reducir la mortalidad. Algo que no coincide demasiado con lo que nos suelen contar.

Pues bien, la historia se acaba de repetir. Los mismos autores han vuelto a recuperar los datos de otro estudio similar, también de hace décadas, en el que se realizó una intervención de características parecidas con aceite de maíz y que se bautizó como Minnesota Coronary Experiment (MCE). Los resultados de esta nueva pesquisa se acaban de publicar en BMJ con el título "Re-evaluation of the traditional diet-heart hypothesis: analysis of recovered data from Minnesota Coronary Experiment (1968-73) (2016), en el que además de exponer los resultados de aquel estudio, han actualizado el metaanálisis, incorporando sus resultados.

11 abr. 2016

Tratamientos contra las adicciones para comer menos

En el libro El Cerebro Obeso dedico varios capítulos a explicar los paralelismos y similitudes entre las adicciones a sustancias como el tabaco, el alcohol, la cocaína o algunos medicamentos y el exceso de ingesta de alimentos. También en Naukas 2015 di una breve charla en la que intenté resumir algunas de estas ideas. Y en ambos casos expuse que, existiendo diferencias, también hay similitudes que empujan a pensar que ambas disciplinas podrían aprender la una de la otra. Especialmente creo que el tratamiento de la obesidad puede aprender del tratamiento de las adicciones, ya que hasta ahora prácticamente nos hemos limitado a aplicar el concepto de equilibrio energético y a restringir las calorías. Un enfoque que, vistos los resultados, es claramente insuficiente.

6 abr. 2016

No es ciencia, es publicidad disfrazada (III)

Tras la primera y la segunda, llega la tercera entrega de la serie de posts "No es ciencia, es publicidad disfrazada". Una irremediable sección en la que recopilo titulares y artículos sobre alimentación publicados en diarios y webs de noticias, con supuestos enfoques y contenidos científicos... pero que realmente no son más que marketing encubierto.

Vamos allá:

1 abr. 2016

Tendencias mundiales sobre obesidad, últimos datos

Tan solo unas líneas para anunciarles la publicación en The Lancet del último estudio sobre las estadísticas de la obesidad en el mundo desde 1975 a 2014, "Trends in adult body-mass index in 200 countries from 1975 to 2014: a pooled analysis of 1698 population-based measurement studies with 19,2 million participants" (2016). El documento es de libre acceso, así que les recomiendo pinchar en el enlace para leerlo completo.

Si prefieren un resumen, estas son las preocupantes conclusiones del mismo:

23 mar. 2016

¿Dejar de fumar realmente engorda?

El consenso sobre los beneficios de dejar de fumar es universal, ya que es probablemente el hábito que más muertes provoca  en los países mínimamente desarrollados (cinco millones anuales) y que más efectos negativos para la salud acarrea. Algunos estudios concluyen que los fumadores pueden reducir su esperanza de vida incluso más de diez años respecto a los no fumadores, y casi con toda probabilidad verán empeorar ostensiblemente su calidad de vida, sobre todo a las edades más avanzadas. Así que no voy a extenderme en detallar los indudables beneficios de abandonar su consumo.

Sin embargo, dejar de fumar es difícil, muy difícil, ya que la nicotina, junto con los diversos compuestos químicos que le acompañan, es muy adictiva. Pero, además de esta adicción, hay otras razones que suelen servir de argumento para no animarse a dejarlo. Una de estas razones es el miedo a engordar, ya que casi todo el mundo conoce a alguien que ha pasado por la experiencia y que posteriormente ha ganado unos cuantos kilos.

Pero ¿es cierto? ¿los estudios confirman que dejar de fumar engorda?