Lo que dice la ciencia para adelgazar de forma fácil y saludable

22 jul. 2013

Por qué el "a mi me funciona" no sirve para adelgazar

La capacidad de deducir la causalidad de determinados sucesos es algo innato de la naturaleza humana y una de las claves para haber llegado a ser la especie más inteligente de nuestro planeta. Pero en algunas ocasiones este don puede ser contraproducente. Por ejemplo, en el caso de la salud y el bienestar, tendemos mucho a basarnos en el "amimefuncionismo", un mecanismo de deducción basado en  que si a nosotros nos funciona algo, a los demás también les debería funcionar. Pero la obesidad es un fenómeno complejo que depende de muchas variables y las soluciones no suelen ser universales, ni mucho menos. Lo que algunos les funciona, a otros puede no servirles para nada.

Sé que este argumento lo habrán escuchado a menudo, pero también es verdad que normalmente no se suelen aportar pruebas del mismo. Por eso hoy les traigo un ejemplo que ilustra muy bien cómo cada persona puede ser un caso diferente y con peculiaridades diversas para su tratamiento.



El estudio al que me voy a referir ya es conocido para los habituales de este blog, se trata de "Effects of Dietary Composition on Energy Expenditure During Weight-Loss Maintenance" (2012). La investigación realizada por expertos norteamericanos analizó los cambios que se producen en el consumo energético de nuestro cuerpo al modificar la dieta. Para ellos sometieron a un pequeño grupo de personas a tres tipos de alimentación: baja en grasas, baja en índice glucémico y baja en carbohidratos. Y posteriormente observaron los cambios en su metabolismo basal (consumo de energía en reposo) en cada caso.

El estudio incluye este gráfico que representa por columnas los cambios de dicho consumo energético para cada tipo de dieta. Y los tríos de puntos unidos con una línea gris son los resultados de cada persona.

Como puede observar, como término medio (representado por cuadros azules), al seguir una dieta baja en carbohidratos (lado derecho) el valor del consumo energético en reposo es mayor que al seguir una baja en grasas (lado izquierdo). Podría decirse que es la conclusión global del estudio. Sin embargo, si analizamos cada caso particular, es decir, los diferentes trios de puntos unidos por las lineas grises, los resultados son mucho menos concluyentes.

Por ejemplo, centrémonos en los resultados de la persona cuyo consumo energético se representa en la parte superior del gráfico, que he marcado en rojo en la imagen inferior:

Esta persona sigue un patrón similar al de la tendencia media, con el gasto energético menor al seguir la dieta baja en grasas, algo más elevado en la de bajo IG y el más alto con la dieta baja en carbohidratos. Si analiza otros tríos de puntos, podrá comprobar que una gran parte de ellos siguen este patrón similar.

Pero fijémonos en los resultados de otra persona, que he marcado con una línea de color verde en la imagen siguiente:


En este caso la conclusión es exactamente la contraria a la del caso anterior. El gasto energético en reposo ha sido menor en la dieta baja en carbohidratos y mayor en la dieta baja en grasas.

Aunque este fenómeno no es muy numeroso, tampoco es aislado, le será fácil encontrar más tríos de datos con resultados parecidos o diferentes a los mayoritarios.

Así que podría ocurrir que a la persona marcada con líneas rojas le funcione una dieta baja en carbohidratos, ya que su cuerpo con ese tipo de alimentación consumiría más energía, pero a la marcada con una línea verde, no, precisamente porque sería la dieta con la que su cuerpo menos energía consumiría.

Evidentemente, los cambios del metabolismo basal en función de la dieta es solo un aspecto, pero existen otros relacionados con la obesidad que también son importantes y que también pueden variar para cada caso. A algunos el ejercicio les de más hambre, a otros se la quita. A algunos las proteínas les aumenta la saciedad, a otros no. A algunos hacer dieta en grupo les motiva, otros prefieren hacer estas cosas en solitario.

Los estudios obtienen conclusiones limitadas para un grupo de personas, que podrían ser extrapoladas para la mayoría, pero eso no significa que necesariamente lo sean para la totalidad.  Así que debemos tener cuidado y no ser categóricos al generalizar, al deducir causa-efecto y al simplificar procesos que no son sencillos. Porque, como suele decirse, cada persona es un mundo. Y que a usted le funcione no implica necesariamente que a otros les vaya a funcionar.

5 comentarios:

  1. Hola! Soy Marcel Navarro (ayer hablamos por twitter). A pesar de que entiendo los datos que comentas y no se pueden negar si me permites ejercer de abogado del diablo...
    Lo que me disgusta de criticar el "amimefuncionismo" son sus connotaciones negativas; es decir, se usará este argumento para restar validez a un método determinado. "Porque a ti te haya funcionado, no tiene por qué funcionarle a todo el mundo". Es evidente. Sin embargo, parece que si te funciona algo, tienes que pedir perdón.
    Un ex obeso y uno que ha intentado perder peso y no ha podido (como El Gran Debate el otro día). Dos testimonios, puestos uno al lado del otro, ¿qué sugiere al espectador? Qué la dieta no solo parece aleatoria en cuanto a efectividad, sino que puedes llegar a pensar que tengas que ir al hospital a la semana porque te mueres.
    Si el "amimefuncionismo" no es válido como argumento científico, el desprestigiar una dieta con el "aminomefuncionismo" es igualmente no válido. No digo que tú digas eso, pero es lo que leo o escucho de detractores de ciertas dietas, también se criticó Atkins por el hecho de que estaba obeso cuando murió. El doble rasero está a la orden del día.

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  2. Hola, soy Yolanda de la revista Sport Life, me alegra leer tu post porque por mi experiencia la genética personal de cada uno tiene mucho que ver a la hora de adelgazar de una forma u otra. Supongo que por deformación profesional, cmo me especialice en genética, siempre pienso que hay genes para metabolizar carbohidratos mejor, por ejemplo. En el caso de los atletas, se pasan la vida comiendo pasta en cantidades poco recomendables y están muy por debajo de su peso... mi sospecha es que tienen una genética privilegiada para el deporte y para alimentación, consiguen metabolizar los azúcares mucho mejor que el resto, ellos no engordan tomando pasta y geles de glucosa. Lo mismo ocurre con las proteínas, he visto vegetarianos estrictos que consiguen ganar masa muscular sin apenas esfuerzo, y su dieta es muy baja en aminoácidos, algunos entrenan mucho y otros poco.
    No me enrollo, tan sólo decirte que estoy totalmente de acuerdo con tu idea y que la nutrigenómica o el ánálisis de los genes a la hora de alimentarnos dará dietas específicas para cada persona, tanto para perder peso o mantenerlo como para mejorar el rendimiento deportivo o evitar enfermedades. Todos somos diferentes, también a la hora de comer.

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  3. Yolanda, la sospecha de que los deportistas tienen una genética diferente no pasa de lo hipotético. Lo único que contemplas en favor de esto es una simple correlación que, como sabes, no es una relación de causa y efecto. El mecanismo que genera ese efecto estadístico puede ser de lo más variopinto, pero, para no salirnos del ámbito de la fisiologia podriamos considerar la posibilidad de un acondicionamiento de los tejidos cuando se ven sometidos a entrenamiento regular. El caso relativo a las proteinas no es equivalente en cuanto a su planteamiento.

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  4. Cada persona es un mundo, todos respondemos a las dietas de un modo distinto. Yo por ejemplo respondo muy bien a dietas bajas en carbos, mientras que mi novia no adelgaza nada de nada, para ella lo mejor es una dieta tipo mediterránea controlando las cantidades. Quizá esté bien recordar que todos somos un poco distintos, porque a veces se espera que todos adelgacemos igual cuando no tiene por qué ser así.

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  5. ya te digo como bajar de peso rápido se que es muy difícil comenzar a hacer una rutina para bajar de peso, casi siempre perdemos el interés bajadepeso.es

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