Lo que dice la ciencia para adelgazar de forma fácil y saludable

24 oct. 2016

¿Qué podemos hacer para que nuestros hijos coman alimentos saludables?


Uno de los datos más preocupantes cuando se analizan las estadísticas sobre obesidad en el mundo es su crecimiento, también imparable, entre los niños. Desafortunadamente, los obstáculos para combatir esta tendencia son numerosos y difíciles de superar. Y los resultados de las estrategias seguidas al respecto son muy poco halagüeños. Lo cierto es que no hay intervenciones significativamente exitosas en la prevención de la obesidad infantil a largo plazo ni estrategias que se hayan demostrado especialmente eficaces. Las revisiones son bastante desesperanzadoras, con resultados de poca relevancia o incluso nulos:


Pero no hay que ceder, ya que si queremos asegurar a nuestros hijos un futuro mejor, la lucha contra la obesidad infantil debe ser una de las batallas prioritarias, planteando políticas e intervenciones sólidas y firmes, como cuento en "La guerra contra el sobrepeso" y como también recientemente ha publicado la OMS en su informe "Ending Childhood obesity".

De cualquier forma, mientras instituciones y políticos siguen trabajando por diseñar y desplegar políticas eficaces, nosotros tenemos que educar día a día a nuestros hijos, procurando que coman lo mejor posible. Y con mucha frecuencia una de las cosas más complicadas es conseguir que coman ciertos alimentos saludables. La mayor parte de los padres conocen la dificultad de conseguir que consuman habitualmente algunos de ellos, como por ejemplo las verduras y hortalizas, probablemente porque hoy en día están demasiado acostumbrados a los alimentos que les aportan sensaciones más placenteras y satisfactorias, como por ejemplo aquellos que suelen estar bien cargados de azúcar como galletas, bollos, cereales de desayuno o bebidas azucaradas. ¿Quién va a querer comer lechuga después de probar los Choco Krispis?

¿Y qué podemos hacer en nuestras casas y en nuestro día a día para conseguirlo? Lamentablemente todavía hay poca ciencia que nos ayude a responder a esta pregunta, pero podemos encontrar algunos estudios de cierto interés.

Por ejemplo, ¿qué tal intentar convencerles de que los vegetales son muy saludables?  Si somos capaces de transmitirles esa idea, utilizando su lenguaje, haciéndoles ver que comer ese tipo de alimentos les ayudará a estar más fuertes y sanos, quizás se inclinen más por comerlos. Muchos lo hemos intentado una y otra vez, incluso llegando al marketing del miedo: "come las zanahorias o te pondrás enfermo". Pero ¿funciona esta táctica?

Un estudio publicado en la revista Journal of Consumer Research nos puede dar pistas al respecto. Se trata de "If it’s Useful and You Know it, Do You Eat? Preschoolers Refrain from Instrumental Food" (2014) y sus autores hicieron varios experimentos en este sentido, con un grupo de casi 300 preescolares (3 a 5,5 años). En cada experimento ofrecieron varios tipos alimentos (entre los que había vegetales, en concreto zanahorias) y utilizaron diversos recursos didácticos sobre dicho alimento, adaptados a su edad, para transmitirles ciertos mensajes, relacionados con su utilidad y beneficios para la salud, utilizando personajes (niños) con los que ellos pudieran sentirse identificados.

Ejemplos de recursos didácticos utilizados

Posteriormente, los investigadores analizaron el consumo de cada tipo de comida, para comprobar si los mensajes habían podido influir en la toma de decisiones. Y al finalizar todo el estudio, estas fueron las conclusiones:

"Nuestra investigación sugiere que animar a los niños a comer alimentos saludables o neutrales, asignando un papel decisivo a alimentos, puede ser contraproducente. Es más efectivo hacer hincapié en los beneficios del sabor, en el supuesto de que sean creíbles, o incluso no mencionar los beneficios en absoluto (...)  la simple colocación de verduras en bandejas de almuerzo escolar, sin ningún tipo de mensajes, promueve un mayor consumo de verduras."

Es decir, que decirles a los niños que los vegetales eran buenos para su salud no sirvió para que los comieran en mayor cantidad, más bien al contrario. Al parecer, según dedujeron los expertos, los niños pequeños asocian los mensajes relacionados con la salud a un peor sabor. Es decir, que en el momento de tomar las decisiones se guían prioritariamente por su sentido del gusto y por las expectativas en este sentido que les generaba el alimento, considerando que saludable=menos rico.

¿Y si buscamos más ideas intentando aprender de lo que hace la industria alimentaria? Ellos son verdaderos verdaderos expertos en hacer cosas que funcionan.

Desde un punto de vista global, los vendedores de alimentos utilizan principalmente dos grandes mecanismos para convencer a los niños para que pidan y consuman sus productos (normalmente poco saludables, como se cuenta en este estudio y este otro): Un sabor placentero y una enorme disponibilidad. Así que tendríamos que hacer lo mismo para los productos saludables: por un lado prepararlos de forma sabrosa. Y por otro, ponerlos siempre a su disposición, una y otra vez. Y tener paciencia, dejando que el apetito haga su trabajo (sin obligarles a comer). Respecto a los alimentos poco saludables, haremos lo contrario: minimizar su disponibilidad, no teniéndolos en casa.

Pero hay una tercera cosa que también los padres deberíamos tener muy en cuenta. Lo podemos deducir del reciente estudio  "It doesn't matter what they say, it matters how they behave: Parental influences and changes in body mass among overweight and obese adolescents" (2016), en el cual los expertos analizaron la relación entre el peso corporal de los adolescentes y los comportamientos de los progenitores. Sus autores concluyeron que la asociación era clara entre el peso y lo que los padres HACÍAN respecto a la alimentación y a la actividad física, pero no respecto a lo que los padres DECÍAN. Es decir, también al comer el dar ejemplo es importante.

En resumen, para promover una alimentación saludable con nuestros hijos deberíamos hacer sobre todo cuatro cosas:
  1. Poner alimentos saludables a su disposición, sin intentar "vendérselos".
  2. Preparárselos apetecibles (y mejor si nos ayudan a prepararlos).
  3. Dar ejemplo y comerlos también nosotros.
  4. Alejarles de los no saludables (y de su información).
Antes de terminar, voy a ofrecerles una quinta posibilidad, que aunque menos relevante resulta bastante curiosa. Está relacionada con lo que hemos hablado al principio del post, con el marketing y las técnicas de persuasión. De hecho, los principales lectores y financiadores de estudios como los que hemos mencionado son los responsables de ventas y marketing de la industria alimentaria, ya que utilizan sus herramientas más sofisticadas también con los niños. Pueden leer unos cuantos ejemplos de estas (malas) prácticas en este excelente post de Gominolas de Petroleo y otras cuantas más, aún más sofisticadas y perversas, en el libro "La guerra contra el sobrepeso"; sin duda se trata de artillería pesada, bastante difícil de combatir, pero podemos aprender algo e intentar utilizar sus mismas tácticas en nuestro favor.

Por ejemplo, una de las más utilizadas (aunque se prohíba explícitamente y en reiteradas ocasiones en el código voluntario de autocontrol PAOS), es la utilización de personajes famosos y conocidos, especialmente admirados por los niños, para destacar las supuestas virtudes de los productos. Pues bien, en el estudio "What would Batman eat?: priming children to make healthier fast food choices" (2012) los investigadores intentaron hacer lo mismo, pero con los alimentos más saludables. Y comprobaron que cuando a los niños (de 6 a 12 años) se les planteaba la pregunta ¿tú qué crees que comería Batman?, habiendo identificado y caracterizado previamente dicho personaje como admirable,  los niños respondían a favor del alimento más saludable. Y posteriormente tendían a comer mas cantidad de ese alimento.

Así que pueden probar a utilizar este pequeño truco de vez en cuando. Quizás les sea útil para reforzar su interés por algunos alimentos por los que no sientan demasiada afinidad.

4 comentarios:

  1. Gracias Luis! Como de costumbre presentas la información en las entradas de este blog ( y en tus libros) de forma clara y muyy práctica! Se te agradece infinitamente!! Abrazo grande desde Argentina!!!

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  2. Es un tema jodido, Luis.
    Yo tengo 5 críos y es muy difícil.
    En casa hay un límite de 3 galletas al día (no acumulables, claro) y los refrescos sólo se permiten en fin de semana y un sólo vaso. No se compran chuches (tampoco las piden, nunca las han comido por costumbre).

    La verdad es que mis hijos están delgados. Imagino que por ahora, gracias a tener una buena flexibilidad metabólica.

    Pero si les dejas elegir se van a por la porquería: McDonalds solo por el muñeco de turno, prefieren pizza Terradellas antes que una masa hecha a mano (aunque sí les gusta amasar la pizza) y prefieren el tomate de bote a una salsa hecha al horno que está para comérsela a cuchara.

    Claro, no todos son iguales. Hay algunos que comen más y mejor que otros, pero es muy difícil.

    El tema está, supongo, en que la industria de la comida basura lleva años estudiando la manera de ser deseada.

    Mis hijos todavía llaman a la fruta, alguna vez que otra, "esportchuches", como en una serie que veían hace un par de años o tres.

    Pero de qué te extrañas si el día de la bicicleta la llegada a la meta está coronada por dos botellas hinchables de 4 metros de CocaCola y un puesto de McDonals sirve cacao y bollos gratis. ¿Promoción del deporte y la vida sana?

    Como he escuchado alguna vez en Dietética Sin Patrocinadores, a ver cuando llega el día en que mis hijos me piden 1kg de kiwis porque regalan un pokemon, o comprar tomates para coleccionar los cromos que vienen en cada paquete...

    Aquí creo que el gobierno debería ser más intervencionista porque, aunque no haya ciencia respecto al qué hacer para mejorar la alimentación infantil, hay de sobras para saber qué no hacer.

    Un abrazo!

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  3. Excelente como siempre, hoy en día con la gran competencia frente a productos ultraprocesados debemos ser más creativos y aprender de su estrategia. :)

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  4. Muy interesante lo que nos planteas. Un truco para nada desacertado, quién sabe... Es muy difícil educar a los niños en el tema de la alimentación, pero no imposible. Es importante que los adultos estemos siempre ahí, ayudando y apoyando para que su nutrición sea más saludable ^^

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