Lo que dice la ciencia para adelgazar de forma fácil y saludable
24 jul 2016
Últimos estudios sobre las grasas dietéticas
Como ya saben los seguidores habituales de este blog, las grasas dietéticas es uno de los temas sobre los que suelo escribir, sobre todo porque creo que todavía tenemos mucho que aprender respecto a su influencia en la salud. Y como hace tiempo que no lo hago, he dedicado un rato a buscar un poco sobre este tema, con objeto de identificar algunas revisiones sistemáticas y estudios relevantes publicados durante los últimos meses, en los que las protagonistas hayan sido las grasas y su relación con la salud.
Como me he topado con unas cuantas cosas interesantes, he decidido hacerles un pequeño resumen:
28 jun 2016
Nuevo libro: La guerra contra el sobrepeso, buscando responsables de la epidemia de obesidad
Si han notado que durante las últimas semanas no he estado muy activo en el blog, ahora entenderán la razón: estaba trabajando en la revisión final de "La guerra contra el sobrepeso", un proyecto que me ha tenido agradablemente ocupado.En este caso es probable que su contenido les parezca más polémico y controvertido que el de libros anteriores, ya que he querido profundizar en las razones que nos han llevado a la situación actual - un tercio de los adultos sufriendo sobrepeso - buscando responsabilidades, posibles culpables y factores que lo han provocado. Les aseguro que según investigaba y recopilaba información durante la escritura, las cosas se ponían cada vez más interesantes.
También hago una reflexión sobre los enfoques que, desde un punto de vista global, serían necesarios para plantar cara al problema y tener alguna probabilidad de solucionarlo. Todo ello basándome en la ciencia y en las investigaciones recientes, como es habitual, recurriendo a gran cantidad de referencias.
Esta es la sinopsis:
"La epidemia de obesidad se extiende por todo el planeta y se ha convertido en un problema de salud de primer orden, afectando a millones de personas, empeorando su calidad de vida y disparando los costes sanitarios.
Las víctimas son tantas y los efectos tan negativos que no nos queda más remedio que aceptar que estamos en guerra contra el sobrepeso. Ha llegado el momento de presentar batalla, de enfrentarse definitivamente al problema, utilizando todas las armas y recursos que sean necesarios, basados en la ciencia y en la investigación más rigurosa.
Pero ¿quién es el enemigo a combatir? ¿Contra quién debemos luchar? ¿Y cuáles son las mejores estrategias de combate para tener alguna posibilidad de salir victoriosos?
Un libro que le permitirá conocer el complejo entramado de intereses y circunstancias que sostienen la obesidad y las claves fundamentales para enfrentarse a ello."
Pueden descargar una muestra gratuita con el primer capítulo completo (50 páginas) desde este enlace y pueden conocer la opinión de los lectores en este otro.
El libro completo tiene 360 páginas y, como es habitual, está disponible desde un precio muy razonable. Estos son los enlaces para adquirirlo en diferentes formatos:
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Kindle: En Amazon, en este enlace (3,15 euros).
Papel: En Amazon, en este enlace y en Lulu en este enlace (11,75 euros)
Si finalmente se deciden a adquirirlo, agradeceré mucho sus opiniones y feedback.
20 jun 2016
Aceites vegetales para freír y grasas trans
Hace unas semanas escribí un post sobre las cuestiones pendientes respecto a las grasas vegetales y su relación con la salud, en el enumeraba la gran cantidad de preguntas sin respuesta que todavía hay con este alimento. Pero hubo un asunto que no mencioné y que también tiene relevancia al hablar de los efectos perjudiciales de cocinar a altas temperaturas: la generación de grasas trans que se producen en esas condiciones.
Recientemente se ha publicado un estudio estudio en el que se ha analizado precisamente este aspecto, el cambio en la composición de varios ácidos grasos al freír y calentar de forma larga y sucesiva, incluyendo el de los ácidos grasos trans, que son de especial interés por sus conocidos y bastante demostrados efectos negativos para la salud, como expliqué en este post. El trabajo es "Effect of heating/reheating of fats/oils, as used by Asian Indians, on trans fatty acid formation" (2016) y está centrado en el análisis del comportamiento de seis tipos de grasas utilizadas para cocinar habitualmente en la India, el país natal de los investigadores: los aceites refinados de soja, cacahuete, oliva y colza, el aceite de vanaspati (un tipo de aceite parcialmente hidrogenado), así como la mantequilla. En sus experimentos siguieron varias secuencias de calentamientos y recalentamientos y los usaron para freír, mientras iban tomando muestras y analizando la composición de ácidos grasos saturados, ácidos grasos insaturados y ácidos grasos trans.
Recientemente se ha publicado un estudio estudio en el que se ha analizado precisamente este aspecto, el cambio en la composición de varios ácidos grasos al freír y calentar de forma larga y sucesiva, incluyendo el de los ácidos grasos trans, que son de especial interés por sus conocidos y bastante demostrados efectos negativos para la salud, como expliqué en este post. El trabajo es "Effect of heating/reheating of fats/oils, as used by Asian Indians, on trans fatty acid formation" (2016) y está centrado en el análisis del comportamiento de seis tipos de grasas utilizadas para cocinar habitualmente en la India, el país natal de los investigadores: los aceites refinados de soja, cacahuete, oliva y colza, el aceite de vanaspati (un tipo de aceite parcialmente hidrogenado), así como la mantequilla. En sus experimentos siguieron varias secuencias de calentamientos y recalentamientos y los usaron para freír, mientras iban tomando muestras y analizando la composición de ácidos grasos saturados, ácidos grasos insaturados y ácidos grasos trans.
16 jun 2016
Alimentos como drogas, un ensayo sobre adicción a la comida
A continuación pueden leer el ensayo sobre adicción a la comida que escribí para la editorial Next Door Publishers (las referencias científicas están accesibles a través de los enlaces repartidos por el texto):
Alimentos como drogas
"Le ruego que piense durante unos segundos en el alimento que más le gusta. El más sabroso, el que más disfruta comiendo. Imagínelo entrado en su boca, masticándolo lentamente, percibiendo su complejo aroma, tragándolo y percibiendo cómo su gusto se mantiene chispeante durante un buen rato. Piense en cómo disfrutaría con su intenso y placentero sabor. Tras estos instantes de regocijo imaginario, ¿es capaz de aguantar sin levantarse a buscarlo a la cocina o está dispuesto a movilizarse y actuar para conseguirlo? ¿Siente deseos intensos y casi imposibles de soportar? ¿Es una situación excepcional o le ocurre con frecuencia? ¿Con uno o con varios alimentos?
Es probable que a la mayoría la situación descrita en el párrafo anterior nos parezca un poco exagerada. ¿Tener una necesidad irrefrenable de ir a buscar un alimento tras haberlo imaginado? Tal vez podríamos verlo razonable para un fumador, cuando siente la necesidad de consumir tabaco, ya que sabemos que tiene adicción a la nicotina. Pero cuando - desde el punto de vista médico - se piensa en el término “adicción”, no se asocia a la comida ni a la alimentación, sino a patologías muy complicadas y a sustancias consideradas tóxicas y muy peligrosas para la salud, como el tabaco, el alcohol, la cocaína o la heroína, especialmente tras su consumo continuado en el tiempo. Pero el comer es una necesidad fisiológica, todos necesitamos hacerlo prácticamente a diario y si no podemos, lo más probable es que nuestra salud se vea negativamente afectada. Así que la pregunta es casi obligatoria: ¿Realmente tiene sentido relacionar comida y adicción?
Lo cierto es que durante los últimos años es cada vez más fácil encontrarnos ambas palabras en un mismo texto, incluso en los de carácter científico. Se han multiplicado exponencialmente las publicaciones con referencias a la “adicción a la comida”, pasando de ser anecdóticas a convertirse en bastante habituales; basta hacer una búsqueda en Pubmed con el término “food addiction” para comprobarlo de primera mano. La razón es que cada vez hay más expertos que piensan que existen paralelismos y aspectos en común en la forma en la que reaccionan nuestro cuerpo, nuestro metabolismo y nuestro cerebro al consumir drogas y al comer ciertos alimentos.
Sin embargo, la idea no es nueva, ni mucho menos. Entre 1940 y 1950, surgió una corriente de médicos que propusieron paralelismos entre la adicción a sustancias y el comportamiento de comer en exceso. Sin embargo, podría decirse que aquella primera aproximación se adelantó a su tiempo y resultó inoportuna y contraproducente; en aquellos tiempos, todavía escasos de ciencia y poco sensibilizados hacia los derechos humanos, el estigma que sufrían las personas que eran adictas a sustancias era enorme. Tampoco existían tratamientos eficaces para combatir ese tipo de situaciones. Así que algunas personas con sobrepeso vieron cómo los prejuicios y el rechazo relacionados con las adicciones se sumaban al estigma que ya sufrían por comer de forma incontrolada., sin que a cambio pudieran disfrutar de ningún nuevo enfoque terapéutico que solucionara o mitigara su problema.
Afortunadamente, los avances de la medicina en las perspectivas científica y social permiten que la aproximación al tema que se está haciendo actualmente sea mucho más prometedora y pertinente. Aunque, como veremos a continuación, todavía queda mucho camino por recorrer.
Lo que dice la psiquiatría
Para empezar a conocer lo que dicen la ciencia y el consenso médico sobre la posible adicción a la comida podemos recurrir a los criterios que utiliza la especialidad sanitaria normalmente encargada del tema de las adicciones y de su tratamiento, la psiquiatría. El punto de partida podría ser la fase de diagnóstico, donde se identifican los síntomas y la existencia o no de una patología. Los psiquiatras suelen recurrir al libro probablemente más utilizado en esta especialidad, el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales elaborado por al Asociación Americana de Psiquiatría, que recientemente ha llegado a su quinta edición (más conocido por las siglas DSM, Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders). En la sección 2 incluye una amplia relación de trastornos y los criterios para su diagnóstico, entre los que se encuentra un apartado dedicado a los “Trastornos de la conducta alimentaria y de la ingesta de alimentos”, en el que podemos encontrar patologías muy conocidas como la anorexia nerviosa, la bulimia o los atracones (binge eating) y otras menos populares como la pica o el trastorno de rumiación.
Por otro lado, los trastornos relacionados con sustancias como el café, el tabaco, el alcohol, la heroína o los tranquilizantes y la adicción a los mismos se encuentran en otro apartado totalmente diferente.
Si comparamos ambos apartados, trastornos alimentarios y trastornos por sustancias, podemos apreciar que los enfoques y criterios de diagnóstico son significativamente diferentes. En los trastornos alimentarios se incluyen la identificación de comportamientos patológicos y descontrolados, pero sin embargo no se utilizan términos y conceptos íntimamente asociados al fenómeno de la adicción y utilizados en su diagnóstico a todas las sustancias, tales como la tolerancia o la abstinencia, así como las posibles situaciones de intoxicación. Así que podría decirse que, oficialmente, hoy en día la psiquiatría no contempla la existencia de la “adicción a la comida”. Lo más parecido podría considerarse los atracones o binge eating.
Sin embargo, hay expertos que llevan años afirmando que el consumo de ciertos alimentos puede tener bastantes puntos en común con el consumo de sustancias. Según su perspectiva, muchos de sus pacientes con problemas de sobrepeso tienen una relación con la comida con muchos parecidos a la situación de los consumidores de sustancias adictivas, coincidiendo en bastantes de los síntomas.
Para que puedan apreciarlo mejor, estos son los once síntomas que el DSM-V establece para diagnosticar los trastornos de adicciones a sustancias (en concreto, para el consumo de alcohol):
- Se consume con frecuencia en cantidades superiores o durante un tiempo más prolongado del previsto.
- Existe un deseo persistente o esfuerzos fracasados de abandonar o controlar el consumo.
- Se invierte mucho tiempo en las actividades necesarias para conseguirlo, consumirlo o recuperarse de sus efectos.
- Ansias o un poderoso deseo o necesidad de consumo.
- Consumo recurrente que lleva al incumplimiento de los deberes fundamentales en el trabajo, la escuela o el hogar.
- Consumo continuado a pesar de sufrir problemas sociales o interpersonales persistentes o recurrentes, provocados o exacerbados por la sustancia.
- El consumo provoca el abandono o la reducción de importantes actividades sociales, profesionales o de ocio.
- Consumo recurrente en situaciones en las que provoca un riesgo físico.
- Se continúa con el consumo a pesar de saber que se sufre un problema físico o psicológico persistente o recurrente probablemente causado o exacerbado por la sustancia.
- Tolerancia, definida por alguno de los siguientes hechos: Una necesidad de consumir cantidades cada vez mayores para conseguir la intoxicación o el efecto deseado o un efecto notablemente reducido tras el consumo continuado de la misma cantidad de sustancia.
- Abstinencia, manifestada por alguno de los siguientes hechos: Presencia del síndrome de abstinencia o se consume la sustancia (o alguna sustancia muy similar) para aliviar o evitar los síntomas de abstinencia.
Para aquellos que conozcan los efectos del tabaco, el alcohol e incluso la cafeína muchos serán muy familiares. Pero también cualquier sanitario que haya tratado a personas con sobrepeso podrá encontrar en este listado síntomas habituales y otros mucho menos aplicables. Por ejemplo, es difícil hablar de toxicidad en el caso de la comida. Y es probable que la definición de la tolerancia y la abstinencia requieran de matices específicos para los alimentos, ya que la frontera entre el hambre “normal” y la abstinencia es complicada de trazar. Pero las particularidades también se dan con las sustancias actualmente reconocidas en el DSM-V. Por ejemplo, es poco habitual encontrarse con una intoxicación “tradicional” al tabaco o casos relacionados con todo el espectro de síntomas en sustancias como la cafeína, los alucinógenos o los inhalantes, todas ellas presentes en el apartado de adicciones. Además, según los criterios diagnósticos del DSM, no es necesario que estén todos los síntomas, basta con encontrar la presencia frecuente y continuada de dos o tres para que se considere que existe un trastorno de adicción “leve” y de cuatro o cinco para uno “moderado”.
Uno de los grupos de expertos más convencidos respecto a estos aspectos en común desarrolló hace años - en el marco de la cuarta edición del DSM - una lista de síntomas de “adicción” adaptada al contexto alimentario. Dado que esta iniciativa partió de la Universidad de Yale, la herramienta se conoce como YFAS (Yale Food Addiction Scale) y ha sido revisada para adaptarla a la última edición del manual de diagnóstico psiquiátrico Se trata de un cuestionario con 35 preguntas, las cuales sirven para evaluar la presencia de alguno de los once síntomas mencionados anteriormente en el contexto de la comida, utilizando criterios muy parecidos a los utilizados con las sustancias (a partir de la presencia 2-3 síntomas).
Aunque no esté “oficialmente” aceptada, probablemente la escala YFAS sea la herramienta más conocida y que más está haciendo por extender y popularizar el concepto de adicción a los alimentos y ha sido utilizada en diversas ocasiones para evaluar la posible prevalencia del fenómeno. Aunque los estudios todavía no son muchos, algunos científicos han encontrado que el 20% de las personas con sobrepeso podrían dar resultados positivos de “adicción a los alimentos”. Y, como sería esperable, este porcentaje sería mayor entre las personas con mayor sobrepeso.
Estos resultados respecto a la prevalencia incluso han polarizado aún más las posiciones. Para los defensores del concepto, muestra un resultado suficientemente significativo, considerando la enorme cantidad de gente que se está viendo afectada por la epidemia de obesidad. Para los más críticos, es un resultado demasiado pequeño para explicar el preocupante crecimiento del sobrepeso y consideran que el enfoque de la adicción requiere de más evidencia científica antes de poder darse por válido.
En definitiva, actualmente podría decirse que la psiquiatría clínica de momento es escéptica a la adicción a la comida, pero el debate está más vivo que nunca.
La perspectiva neurobiológica
Continuando por la senda de la búsqueda de evidencias, otra estrategia podría ser la de analizar la propuesta desde una perspectiva más biológica, intentando estudiar lo que ocurre a nivel bioquímico cuando se produce una adicción “tradicional” - sobre todo a nivel neuronal - y comprobar si esa situación tiene paralelismos con los alimentos. Para ello es necesario entender qué es realmente una adicción, qué está ocurriendo en ese momento a nivel microscópico en nuestro organismo y en nuestro cerebro y que nos empuja a perder el control. Así que vamos a intentar explicarlo brevemente.
La evolución ha ido forjando poco a poco una maquinaria que nos impulsa a los seres vivos a hacer ciertas cosas. Parte de esa maquinaria incluye cierta “programación cerebral”, que asegura que tengamos hábitos especialmente importantes, necesarios para la vida, como pueden ser la reproducción o el comer. Y la lógica de esta programación es muy sencilla: ofrecer una recompensa en forma de placer o satisfacción y provocar el deseo de conseguir dicho placer. Es una forma muy básica pero muy efectiva y utilizada en el mundo animal para lograr motivación.
En la década de los años cincuenta científicos norteamericanos descubrieron trabajando con ratas que la activación de ciertas áreas cerebrales eran las responsables de producir ese placer. Estas áreas se han ido identificando y concretando poco a poco y hoy en día se engloban dentro de lo que se denomina el “circuito de recompensa”.
Las investigaciones durante las décadas posteriores se centraron en intentar entender los mecanismos biológicos por los que se produce la recompensa. Podría decirse que la actividad neuronal del circuito de recompensa es capaz de crear dos situaciones: la de motivación para buscar o hacer algo (provocando una sensación de deseo intenso) y la de placer, como consecuencia de cierto proceso o suceso. Y que ambas se realimentan mutuamente: la sensación de placer es capaz de desarrollar y consolidar una generación de expectativas, que refuerza el deseo y la motivación por ejecutar el comportamiento que provoca la mencionada sensación de placer.
Los expertos comprobaron que un neurotransmisor concreto, la dopamina, juega un importante rol en ambas situaciones, aunque especialmente en la primera, la motivacional o de deseo. Los investigadores también dedujeron que estos procesos motivacionales están detrás de las adicciones, que podían considerarse como el caso “extremo” de este mecanismo de recompensa, en el que la realimentación de la “rueda motivación-placer” se acelera con una intensidad creciente, hasta convertirse en una espiral destructiva de la que es difícil salir. Y, tras realizar ensayos centrados en el neurotransmisor que mejor se conocía, la dopamina, propusieron algunos modelos que pretendían explicar el origen bioquímico de las adicciones. La idea básica era que el consumo repetido y continuado en el tiempo de una sustancia podría provocar una insensibilización de los receptores neuronales correspondientes (lo cual desarrollaba una “tolerancia”, es decir, la necesidad de consumir más cantidad para lograr la misma sensación de placer o mismo efecto). Y por otro lado también se segregaría más dopamina (lo cual provocaría “abstinencia”, es decir, una creciente activación previa de las neuronas dopaminérgicas), que daría lugar a una motivación e intensos deseos por buscar y consumir la sustancia.
Posteriormente, diversas líneas de investigación han ido comprobando que, como ocurre casi siempre que se entra a estudiar el cerebro, realmente las cosas son bastante más complejas de lo que se pensaba. Por lo visto, las adicciones a todas las sustancias no son iguales y además de la dopamina, hay más neurotransmisores implicados como los opioides, con un papel relevante pero también bastante específico. Los modelos desarrollados para explicar la actividad de las diferentes sustancias adictivas tampoco son todos iguales y están permitiendo conocer mejor la variedad de formas y mecanismos con los que interfieren en el normal funcionamiento de los diferentes neurotransmisores, alterando su concentración y modificando la actividad neuronal, dando lugar a los conocidos síntomas.
Por otro lado, la situación incluso podría llegar a complicarse aún más, ya que también hay nuevas hipótesis en las que se plantea la posibilidad de que existan mecanismos y procesos biológicos de otra naturaleza asociados a la adicción, como por ejemplo algunos relacionados con la expresión de los genes (epigenética).
Teniendo en cuenta todas estas ideas y siendo consciente de las limitaciones existentes y de la complejidad de su estudio a nivel molecular, se podrían buscar paralelismos y solapamientos entre las adicciones a sustancias y la posible adicción a la comida. La cuestión es complicada, porque en ambos temas están implicados numerosos neurotransmisores, muchos de ellos comunes. El más conocido y estudiado es la dopamina, pero también tienen su función los opioides, los cannabinoides, la serotonina, la histamina o GABA. Y también hay una buena cantidad de hormonas que influyen en ambas perspectivas: ghrelina melanocortina, NPY, leptina... Y para complicar la cuestión aún más, estos neurotransmisores y hormonas son capaces de interactuar entre sí, tejiendo una red de relaciones realmente intrincada.
Repasando la literatura relacionada, parece que según avanzan las investigaciones la cantidad de expertos que encuentran coincidencias y solapamientos en los sistemas neurobiológicos relacionados con las adicciones y el exceso de alimentación aumenta progresivamente, pero también se detectan diferencias y todavía queda mucho trabajo por hacer.
A nivel más macroscópico, las técnicas modernas de imagen por resonancia magnética funcional (fMRI) permiten analizar con bastante detalle la actividad neuronal de diferentes zonas del cerebro y hacer comparaciones entre personas que sufren adicciones y obesidad o trastornos alimentarios. También en este caso los estudios indican que tanto las señales relacionadas con sustancias adictivas como las de la comida activan de forma especialmente intensa o excepcional algunas áreas cerebrales comunes, sobre todo en personas que sufren respectivamente de adicción u obesidad. Lo cierto es que las investigaciones no son muy numerosas y que, aunque la mayoría encuentran algunos paralelismos, también a veces las diferencias identificadas son importantes, con bastante variabilidad en función de la metodología utilizada y el enfoque del estudio.
El estudio de los genes también está haciendo interesantes aportaciones, ya que éstos son los responsables de codificar los receptores de los neurotransmisores implicados. Por ejemplo, en el análisis de los genes relacionados con el sistema dopaminérgico, con los receptores de la leptina, de opioides o de la melanocortina 4 también se encuentran puntos en común entre ambas perspectivas, aunque las investigaciones son pocas y poco concluyentes por el momento.
¿Alimentos como drogas?
Como se puede observar, las estrategias de investigación son diversas e involucran a varias disciplinas, así que sin duda en pocos años nos irán aclarando la idoneidad de los paralelismos entre la ingesta excesiva de alimentos y las sustancias adictivas. Sin embargo, para poder seguir aclarando las lagunas existentes, es importante focalizar y dar coherencia a las investigaciones, especialmente en lo que respecta a la tipología de los alimentos que se deben de estudiar. No tiene demasiado sentido debatir sobre si los alimentos “de siempre” o tradicionales pueden llegar a ser adictivos; nunca lo han sido en la historia de la humanidad y no hay razones para pensar que ahora vayan a serlo; además, cada vez se consumen en menor proporción. Lo lógico es centrarse en algunos de los “nuevos alimentos”, de características bastante diferentes y específicas. Los investigadores suelen hablar de alimentos muy palatables, pero también en algunos trabajos podemos encontrar caracterizaciones y descripciones centradas en base al elevado contenido calórico o a la gran cantidad de algunos componentes como el azúcar, la sal o la grasa.
Esta falta de consenso en la tipología de los alimentos problemáticos es patente cuando pretendemos buscar estudios que muestren cuáles son los que causan más síntomas relacionados con la adicción. Las investigaciones son muy escasas y se suelen limitar a identificar aquellos que se desean con más intensidad y frecuencia (ejemplo 1, 2, 3, 4, 5), siendo los siguientes los que aparecen más habitualmente en las conclusiones:
- Chocolate, dulces, bollos, galletas, helado y postres.
- Snacks de intenso sabor y rápida absorción (patatas chip, aperitivos de maíz y patata, galletitas, etc.).
- Comida rápida (pizza, precocinados-rebozados, etc.).
- Bebidas azucaradas.
- Pasta, pan blanco y arroz.
Todos estos alimentos son altamente procesados, creados mediante ingredientes y componentes que se extraen y refinan en grandes cantidades (sobre todo de plantas y vegetales), que posteriormente se combinan y someten a diversos procesos de transformación con el objetivo de crear sensaciones especialmente intensas y resultar altamente digeribles, mediante una absorción muy rápida hasta el torrente sanguíneo. Hay estudios que asocian este tipo de alimentos a adaptaciones metabólicas y neuronales a largo plazo, que posteriormente pueden relacionarse con algunos de los síntomas de las adicciones. Desde esta perspectiva encontramos similitudes con, por ejemplo, lo que ocurre con la nicotina y el resto de componentes que se añaden al tabaco - para convertir el acto de fumar en algo especialmente “recompensante” y adictivo para nuestro cerebro - o con el proceso de fabricación de bebidas alcohólicas.
El hecho de que éstos alimentos muy procesados y altamente palatables sean el “target” de las investigaciones -sobre todo para conocer con detalle cuáles son y las características o propiedades responsables de las alteraciones o efectos poco deseables - es un importante handicap, ya que gran parte de la investigación sobre nutrición es financiada por la industria alimentaria, que es precisamente la que fabrica este tipo de alimentos. Y que es esperable que, al menos actualmente, no tenga demasiado interés en que se difunda la idea de que algunos de sus productos pueden llegar a resultar “adictivos”.
Para colmo, todos estos alimentos están altamente disponibles, a bajo precio, en todo tipo de tiendas y se publicitan de forma llamativa y continuada - incluso entre los niños - utilizando el marketing más efectivo y sofisticado. Todos estos mensajes son capaces de hacernos llegar infinidad de señales que provocan la segregación de neurotransmisores, que activan las áreas cerebrales de nuestro circuito de recompensa y que nos acaban empujando a tomar decisiones dietéticas poco afortunadas. ¿Qué pasaría si se volviese a permitir la disponibilidad y publicidad masiva de tabaco, como ocurría hace unas décadas?
Una perspectiva prometedora
La imparable epidemia de obesidad que está poniendo en jaque la salud en los países desarrollados exige buscar nuevos planteamientos, que puedan ir dando respuesta a las numerosas facetas de este problema tan complejo, cuyas causas también son múltiples. La teoría de la “adicción a los alimentos”, aunque todavía necesita de mucha más investigación y evidencia, puede considerarse una interesante perspectiva - una más, a sumar a otras - que puede ser de utilidad para buscar enfoques, soluciones e intervenciones innovadoras. Ya es hora de dar un paso más allá de la tradicional solución “comer menos y moverse más”, que no es más que una desacertada simplificación de escasa utilidad clínica.
Como suele ocurrir en nutrición, puede que se están gastando muchas energías y tiempo en la controversia sobre las ideas iniciales, intentando establecer si los alimentos pueden provocar o no algo parecido a una adicción; hasta el punto de convertir la cuestión en una especie de enfrentamiento, con posiciones extremas, blancas o negras, cuando la realidad está llena de grises. Tampoco las diferentes sustancias conocidas y aceptadas como adictivas son totalmente coincidentes en todos sus efectos y características (el juego patológico, incluido en el nuevo DSM-V en el capítulo de trastornos de adicción, tampoco está asociado a ninguna sustancia en concreto). Así que los solapamientos podrían ser suficientemente llamativos y numerosos como para empezar a pensar en enfoques constructivos, con los que ambas áreas pueden aprender la una de la otra. Incluso puede ser momento de plantearse posibles tratamientos, siempre desde una perspectiva científica y rigurosa, que sin duda deberán ser multidisciplinares y aunando los esfuerzos y el conocimiento de diversas ramas de la ciencia.
Confío en que gracias a todo ello, en pocos años tengamos más armas para combatir en esta complicada batalla."
3 jun 2016
Lo que opina Ioannidis sobre los estudios de nutrición
Para quienes no conozcan a John P. A. Ioannidis, les contaré que es un profesor de Medicina y de Investigación en Salud y Política y profesor de Estadística de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Universidad de Stanford. Es muy conocido por sus investigaciones y trabajos sobre estudios científicos, en particular por el documento de 2005 Why Most Published Research Findings Are False" ("Por qué la mayoría de los resultados de investigaciones publicados son falsos"), que con mucha frecuencia citan los amigos de "lo alternativo" para desacreditar a la medicina tradicional o a los científicos en general (aunque no creo que la mayoría ni siquiera lo haya leído, y menos aún entendido e interpretado).Que quede claro que Ioannidis es un autor de prestigio, con ideas y opiniones interesantes, con frecuencia incómodas, controvertidas o provocadoras. Y ha decido opinar específicamente respecto a la investigación sobre nutrición. En el último número de la revista The American Journal of Clinical Nutrition se incluye un editorial suyo titulado "Necesitamos más ensayos aleatorios sobre alimentación, preferentemente grandes, de largo plazo, y con resultados negativos", que les he traducido a continuación, prácticamente en su totalidad (solo he quitado una pequeña parte en la que enumera algunos estudios específicos publicados en ese número de la revista):
31 may 2016
Llega "The Obese Brain"
Permítanme contarles que mi libro, "El Cerebro Obeso", ya está disponible también en inglés: "The Obese Brain".Con este proyecto quiero acercar la perspectiva neurobiológica de la obesidad, poco habitual y escasamente conocida, a todas aquellas personas de habla inglesa interesadas en el tema. El gran trabajo de traducción lo ha realizado Paul Trollope, que además de dominar prodigiosamente su profesión de traductor y profesor, es una persona con muchas inquietudes intelectuales. Ha sido un placer y un honor trabajar con él.
Además, de forma paralela a este libro, nace el blog con el mismo nombre, "The Obese Brain", en el que iré publicando artículos relacionados con la nutrición, la obesidad y el cerebro. La mayoría serán artículos seleccionados del blog en el que están leyendo estas líneas, que trasladaré allí, convenientemente traducidos. Por lo que podría considerarse que será una especie de hermano gemelo menor más especializado.
El libro se puede adquirir en formato Kindle, epub, pdf y papel (Amazon y Lulu). Los enlaces, el precio e instrucciones pueden encontrarlos en este enlace del mencionado blog.
Así que si conocen a alguien que le gusten estos temas, que no domine nuestro idioma y que prefiera la lengua de Shakespeare o que simplemente quiera practicar el inglés, este libro puede ser un buen recurso. O si ustedes mismos quieren colaborar con este proyecto, también pueden adquirir el libro, su ayuda será muy bienvenida y agradecida.
La emoción de otro objetivo cumplido.
Y ahora a por el siguiente...
13 may 2016
The Biggest Loser, el concurso para adelgazar que cambió el metabolismo de sus concursantes
Hace unos días en New York Times publicó un extenso artículo sobre una situación que ilustra muy bien lo que hemos vivido durante las últimas décadas en torno a la pérdida de peso. Se tituló "After ‘The Biggest Loser,’ Their Bodies Fought to Regain Weight" ("Tras "The Biggest Loser", sus cuerpos lucharon por recuperar el peso perdido") y tuvo una gran repercusión mediática.
Antes de entrar en harina, conviene que describa un poco el contexto, sobre todo para los que, como yo, no estén muy al día sobre programas de la TV.
Antes de entrar en harina, conviene que describa un poco el contexto, sobre todo para los que, como yo, no estén muy al día sobre programas de la TV.
5 may 2016
Aceites vegetales y salud, situación actual y cuestiones pendientes
Llevamos décadas escuchando que la versión saludable de las grasas dietéticas la aportan los aceites vegetales. Los argumentos principales siempre han girado en torno a los supuestos beneficios de la sustitución de los alimentos ricos en grasas saturadas (a menudo de origen animal) por los ricos en grasas insaturadas (frecuentemente de origen vegetal). Un mensaje que ha calado profundamente en la cultura dietética de nuestra generación.
El resultado de esta larga campaña ha sido más producción y más consumo de los aceites vegetales, como muestran los siguientes gráficos:
El resultado de esta larga campaña ha sido más producción y más consumo de los aceites vegetales, como muestran los siguientes gráficos:
13 abr 2016
Otro estudio (recuperado) no llega a resultados positivos para las grasas omega-6
Hace ya un par de años publiqué un post sobre un metaanálisis de 2013 en el que se analizó el efecto para la salud de la sustitución de las grasas saturadas por grasas vegetales, en concreto por grasas ricas en ácido linoleico (omega-6). Una parte interesante de aquella revisión era que los autores habían "rescatado" e incluido los datos de un antiguo estudio de intervención sobre ese tema, que se había perdido por razones no demasiado explicadas. Además, aquel metaanálisis tenía otro interés añadido, ya que no encontró beneficios a la intervención. Vamos, que reducir la grasas saturadas en favor de aceites como el de maíz o el de soja no parecía ser beneficioso para la salud cardiovascular ni para reducir la mortalidad. Algo que no coincide demasiado con lo que nos suelen contar.
Pues bien, la historia se acaba de repetir. Los mismos autores han vuelto a recuperar los datos de otro estudio similar, también de hace décadas, en el que se realizó una intervención de características parecidas con aceite de maíz y que se bautizó como Minnesota Coronary Experiment (MCE). Los resultados de esta nueva pesquisa se acaban de publicar en BMJ con el título "Re-evaluation of the traditional diet-heart hypothesis: analysis of recovered data from Minnesota Coronary Experiment (1968-73) (2016), en el que además de exponer los resultados de aquel estudio, han actualizado el metaanálisis, incorporando sus resultados.
Pues bien, la historia se acaba de repetir. Los mismos autores han vuelto a recuperar los datos de otro estudio similar, también de hace décadas, en el que se realizó una intervención de características parecidas con aceite de maíz y que se bautizó como Minnesota Coronary Experiment (MCE). Los resultados de esta nueva pesquisa se acaban de publicar en BMJ con el título "Re-evaluation of the traditional diet-heart hypothesis: analysis of recovered data from Minnesota Coronary Experiment (1968-73) (2016), en el que además de exponer los resultados de aquel estudio, han actualizado el metaanálisis, incorporando sus resultados.
11 abr 2016
Tratamientos contra las adicciones para comer menos
En el libro El Cerebro Obeso dedico varios capítulos a explicar los paralelismos y similitudes entre las adicciones a sustancias como el tabaco, el alcohol, la cocaína o algunos medicamentos y el exceso de ingesta de alimentos. También en Naukas 2015 di una breve charla en la que intenté resumir algunas de estas ideas. Y en ambos casos expuse que, existiendo diferencias, también hay similitudes que empujan a pensar que ambas disciplinas podrían aprender la una de la otra. Especialmente creo que el tratamiento de la obesidad puede aprender del tratamiento de las adicciones, ya que hasta ahora prácticamente nos hemos limitado a aplicar el concepto de equilibrio energético y a restringir las calorías. Un enfoque que, vistos los resultados, es claramente insuficiente.
6 abr 2016
No es ciencia, es publicidad disfrazada (III)
Tras la primera y la segunda, llega la tercera entrega de la serie de posts "No es ciencia, es publicidad disfrazada". Una irremediable sección en la que recopilo titulares y artículos sobre alimentación publicados en diarios y webs de noticias, con supuestos enfoques y contenidos científicos... pero que realmente no son más que marketing encubierto.
Vamos allá:
Vamos allá:
1 abr 2016
Tendencias mundiales sobre obesidad, últimos datos
Tan solo unas líneas para anunciarles la publicación en The Lancet del último estudio sobre las estadísticas de la obesidad en el mundo desde 1975 a 2014, "Trends in adult body-mass index in 200 countries from 1975 to 2014: a pooled analysis of 1698 population-based measurement studies with 19,2 million participants" (2016). El documento es de libre acceso, así que les recomiendo pinchar en el enlace para leerlo completo.
Si prefieren un resumen, estas son las preocupantes conclusiones del mismo:
Si prefieren un resumen, estas son las preocupantes conclusiones del mismo:
23 mar 2016
¿Dejar de fumar realmente engorda?
El consenso sobre los beneficios de dejar de fumar es universal, ya que es probablemente el hábito que más muertes provoca en los países mínimamente desarrollados (cinco millones anuales) y que más efectos negativos para la salud acarrea. Algunos estudios concluyen que los fumadores pueden reducir su esperanza de vida incluso más de diez años respecto a los no fumadores, y casi con toda probabilidad verán empeorar ostensiblemente su calidad de vida, sobre todo a las edades más avanzadas. Así que no voy a extenderme en detallar los indudables beneficios de abandonar su consumo.
Sin embargo, dejar de fumar es difícil, muy difícil, ya que la nicotina, junto con los diversos compuestos químicos que le acompañan, es muy adictiva. Pero, además de esta adicción, hay otras razones que suelen servir de argumento para no animarse a dejarlo. Una de estas razones es el miedo a engordar, ya que casi todo el mundo conoce a alguien que ha pasado por la experiencia y que posteriormente ha ganado unos cuantos kilos.
Pero ¿es cierto? ¿los estudios confirman que dejar de fumar engorda?
Sin embargo, dejar de fumar es difícil, muy difícil, ya que la nicotina, junto con los diversos compuestos químicos que le acompañan, es muy adictiva. Pero, además de esta adicción, hay otras razones que suelen servir de argumento para no animarse a dejarlo. Una de estas razones es el miedo a engordar, ya que casi todo el mundo conoce a alguien que ha pasado por la experiencia y que posteriormente ha ganado unos cuantos kilos.
Pero ¿es cierto? ¿los estudios confirman que dejar de fumar engorda?
14 mar 2016
Cómo se promueve en Google una alimentación saludable
Hace unos días la web de negocios Harvard Business Review publicó un artículo bastante alejado de su temática habitual ya que trataba sobre alimentación: "Cómo Google hizo más saludables los aperitivos en el trabajo". Dado que las iniciativas del gigante de internet siempre generan interés, sean del tema que sean, es de agradecer que en este caso haya estado centrada en la alimentación, un tema realmente relevante en relación con la salud y el sobrepeso, ya que gran cantidad de gente desarrolla y ejecuta gran parte de sus hábitos alimentarios también en su lugar de trabajo.
El artículo describe las iniciativas abordadas en Google para intentar mejorar los hábitos dietéticos de sus trabajadores, contadas por los expertos contratados para liderar el proyecto. Y como lo cuentan muy bien, a continuación les traduzco el texto original:
7 mar 2016
Proteínas y saciedad, el metaanálisis
La idea de que las proteínas pueden ayudar a aumentar la saciedad está cada vez más ampliamente extendida, aunque es cierto que todavía la evidencia en su favor no es todo lo abundante que sería deseable. Tal y como conté en esta serie de posts sobre las proteínas, las pruebas parece que se inclinan en ese sentido, pero no todo el mundo acaba de verlo claro. Incluso la EFSA en su última revisión sobre el tema, hace tan solo un año, (tengo pendiente un post sobre ella) se ventiló el asunto considerando no relevante la proporción de macronutrientes en el control del peso corporal.
El último metaanálisis sobre las proteínas y su utilidad en el peso es especialmente interesante porque se ha publicado en la revista oficial de los dietistas norteamericanos, así que es de suponer que los revisores lo habrán mirado con lupa. Se trata de "The Effects of Increased Protein Intake on Fullness: A Meta-Analysis and Its Limitations" (2016) y destaca porque parece que sus autores han sido muy exigentes en la selección de los estudios. Según cuentan en el documento original, de las más de mil investigaciones identificadas en un primer momento, finalmente solamente han podido incluir en la revisión cinco de ellas. Las razones de esta amplia criba han sido los nueve requisitos que debían cumplir todos los estudios, sin excepción:
El último metaanálisis sobre las proteínas y su utilidad en el peso es especialmente interesante porque se ha publicado en la revista oficial de los dietistas norteamericanos, así que es de suponer que los revisores lo habrán mirado con lupa. Se trata de "The Effects of Increased Protein Intake on Fullness: A Meta-Analysis and Its Limitations" (2016) y destaca porque parece que sus autores han sido muy exigentes en la selección de los estudios. Según cuentan en el documento original, de las más de mil investigaciones identificadas en un primer momento, finalmente solamente han podido incluir en la revisión cinco de ellas. Las razones de esta amplia criba han sido los nueve requisitos que debían cumplir todos los estudios, sin excepción:
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